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Escuela 306 sin comedor: ajuste que se siente en el plato y obliga a recortar la jornada

La falta de envío de alimentos por parte del Ministerio de Educación forzó a reducir la jornada escolar para parte del alumnado. La medida, provisoria, expone una crisis más profunda y desata fuertes críticas de la comunidad.

La Escuela 306 atraviesa una situación que trasciende lo administrativo y golpea de lleno en lo social: ante la falta de provisión de alimentos por parte del Ministerio de Educación, la institución decidió suspender el servicio de comedor y pasar parcialmente de jornada doble a jornada simple. La medida, anunciada como provisoria, deja en evidencia una postal cada vez más frecuente en la provincia: el deterioro sostenido del sistema educativo, donde la emergencia ya no es una excepción sino una constante.

La decisión fue comunicada a la comunidad educativa mediante una nota fechada el lunes 13 de abril y firmada por la directora, Lucía Arias. En el texto se detalla: “A partir del 14/04/26, se suspende el servicio de comedor escolar debido al faltante de provisión de mercadería (alimentos secos, frutas, verduras y carne). En consecuencia, y hasta tanto se regularice el suministro, la institución funcionará en modalidad de jornada simple”.

El nuevo esquema establece que los alumnos de 1°, 2°, 3° y 4° grado asistirán de lunes a viernes de 12 a 16, mientras que los de 5°, 6° y 7° grado lo harán de 8 a 12. Detrás de la reorganización horaria hay un dato central: sin comedor ni merienda, la jornada extendida se vuelve inviable.

Pero el problema no se agota en lo logístico. En muchas escuelas, el comedor cumple una función esencial que va mucho más allá de la alimentación: es un espacio de contención, socialización y garantía mínima en contextos económicos adversos. Su interrupción impacta directamente en familias que dependen de ese servicio para sostener la cotidianeidad.

La medida desató una ola de críticas por parte de vecinos y padres, que apuntaron directamente al gobernador Alberto Weretilneck y a la política educativa provincial. En redes sociales, el reclamo se volvió inmediato y contundente. “No al cierre del comedor de la Escuela 306. ¡Con los chicos no! Hay muchos hogares que la están pasando mal y esto es caer muy bajo, quitarles el comedor”, expresó una vecina.

Otros mensajes pusieron el foco en el valor integral del espacio escolar: “No solamente se enseñan contenidos, sino hábitos. Allí los estudiantes socializan, se acompañan y conviven. El equipo y los cocineros trabajan para que a nadie le falte un plato de comida”. También hubo cuestionamientos al estado previo del servicio: “Pregúntale al Consejo cuándo enviaba frutas y en qué condiciones. Siempre las mismas. Es mucho aguante del equipo directivo y del personal que sostiene lo que otros dejan caer”.

El malestar, además, se inscribe en un contexto político más amplio. Algunos vecinos vincularon la situación con decisiones provinciales recientes, como la discusión por la distribución de regalías petroleras, interpretando el recorte como parte de un esquema de ajuste que impacta con mayor fuerza en localidades productoras como Catriel.

En ese cruce entre reclamo social, conflicto político y crisis económica, la suspensión del comedor en la Escuela 306 deja una pregunta incómoda pero inevitable: qué lugar ocupa hoy la educación pública en la agenda estatal, cuando ni siquiera está garantizado algo tan básico como un plato de comida para los estudiantes.

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