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Catriel camina hacia su origen: presentaron el proyecto para convertirse en Municipio Intercultural

Con la Jornada “Xenkaley tayiñ küpangvn”, la ciudad rionegrina dio un paso clave para garantizar por ley los derechos, la participación y la cosmovisión de las comunidades mapuche-tehuelche en la gestión pública, la educación y el cuidado del territorio.

El pasado martes 13 de octubre, la ciudad fue escenario de la Jornada Intercultural “Xenkaley tayiñ küpangvn – Caminando nuestros orígenes hacia un municipio intercultural”. El evento marcó un hito en la localidad al presentar el proyecto de diagnóstico participativo para la futura Ordenanza Intercultural Municipal, una iniciativa que busca transformar la gestión pública y reconocer formalmente la diversidad étnica y cultural de sus habitantes.

Con unos 24.000 habitantes, una profunda raíz mapuche-tehuelche y una historia íntimamente ligada a la explotación petrolera, Catriel se prepara para dar un salto cualitativo. Lejos de ser una simple declaración simbólica, el estatus de municipio intercultural implica el compromiso del Estado local de diseñar políticas públicas que garanticen la convivencia, el respeto mutuo y la participación equitativa, con un énfasis especial en los derechos de los pueblos originarios.

Los ejes de una transformación histórica

Durante la jornada, se compartieron con las comunidades, instituciones y vecinos los avances del diagnóstico participativo. El objetivo central de la futura ordenanza es garantizar por ley el acceso igualitario a derechos que hoy, en muchos casos, dependen de la voluntad política de turno. Este marco de protección jurídica es fundamental para reconocer la preexistencia de los pueblos originarios y defender sus derechos territoriales frente a amenazas como los desalojos.

La iniciativa se sostiene sobre varios pilares fundamentales que cambiarán la fisonomía social y política de la ciudad:

  • Participación real y Trawün: La interculturalidad fomenta espacios de diálogo genuino como el Trawün (asamblea tradicional mapuche). Esto permite que la visión indígena sobre el territorio sea incorporada en las decisiones municipales, transformando a las comunidades en actores políticos con agencia.
  • Revitalización educativa y cultural: El marco normativo facilitará la implementación efectiva de la Educación Intercultural Bilingüe (EIB), incorporando el mapuzungun (lengua) y el kimün (sabiduría) en las escuelas. Además, legitima la visibilidad de símbolos identitarios, como la Wenufoye, en los actos públicos.
  • Ambiente y Küme Mogen: En una zona históricamente marcada por la extracción hidrocarburífera y los desafíos de Vaca Muerta, el enfoque intercultural introduce la perspectiva del Küme Mogen (Buen Vivir). Esto obliga a que el ordenamiento territorial respete la cosmovisión del Mapu, entendiendo a la tierra no como un recurso extractivo, sino como un espacio de vida y relación espiritual.
  • Cohesión social y oportunidades: Reconocer oficialmente esta diversidad reduce la discriminación, desactiva estereotipos y promueve la paz social. A su vez, habilita al municipio a postular y acceder más fácilmente a fondos y programas de cooperación nacionales e internacionales destinados al desarrollo de pueblos originarios.

Un encuentro de memorias y saberes

La jornada del 13 de octubre no solo fue un espacio de debate institucional, sino una verdadera fiesta de las identidades. Hubo muestras culturales, ferias de artesanías, talleres, música y actividades que pusieron en valor las memorias y los saberes que forman parte de la historia local.

Como han señalado antropólogos y referentes locales que asesoran el proceso, el fin último es que la interculturalidad deje de ser una etiqueta para convertirse en una herramienta práctica de justicia territorial.

“Construir una ciudad intercultural es reconocer nuestros orígenes, escuchar todas las voces y trabajar por una comunidad más respetuosa de su diversidad”, sostuvieron desde la organización. Para Catriel, este proceso representa pasar de la invisibilización y el conflicto a un modelo de gestión pública colaborativa, donde la diversidad deja de ser vista como un problema para convertirse en la mayor fortaleza de toda la comunidad.

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