En una jornada de trabajo en el barrio Santa Cruz de Catriel, profesionales de la salud realizaron testeos gratuitos y confidenciales de VIH y sífilis, brindaron información sobre enfermedades de transmisión sexual y distribuyeron preservativos. En diálogo con Ramón Villablanca, por FM Láser, los doctores Amaranto y López hablaron de la importancia de acercar la prevención a los vecinos y también de la creciente demanda que soportan los centros de atención primaria.
Hay jornadas en las que la salud sale al encuentro de la gente. No espera detrás de un mostrador ni se limita a los consultorios. Se instala en el barrio, conversa con los vecinos, escucha inquietudes y ofrece herramientas para cuidar la vida. Eso ocurrió en Santa Cruz, donde un equipo de profesionales puso en marcha una actividad de prevención que tuvo como protagonistas a los propios habitantes del sector.
La iniciativa reunió a personal de la salita barrial, trabajadores del laboratorio, representantes del Municipio, integrantes de la comisión vecinal y profesionales médicos. Entre ellos, el doctor Amaranto, quien explicó durante una entrevista con Ramón Villablanca, en el programa De Ida y Vuelta, que la jornada estaba destinada a realizar testeos de VIH y sífilis, además de ofrecer pequeñas charlas de prevención sobre enfermedades de transmisión sexual.
La propuesta tuvo dos características centrales: gratuita y confidencial. Los análisis se realizan sin identificar las muestras con nombres y apellidos, sino mediante un sistema de siglas y datos codificados que resguarda la identidad de quienes concurren.
«La importancia que tiene hacer este tipo de tareas es que hay un incremento importante de enfermedades de transmisión sexual», advirtió Amaranto. Por eso, insistió en que el testeo y la información son herramientas fundamentales para generar conciencia y promover el cuidado.
La prevención también llegó en forma de preservativos. El médico contó que habían llevado alrededor de mil unidades para distribuir entre quienes los necesitaran, teniendo especialmente en cuenta la proximidad de un fin de semana largo. Con naturalidad, sin solemnidades y apelando al diálogo directo, remarcó que el preservativo sigue siendo el método fundamental para reducir los riesgos en las relaciones sexuales ocasionales.
Una salita que conoce a sus vecinos
La recorrida radial permitió también conocer un poco más de la tarea cotidiana que se desarrolla en el centro de salud del barrio Santa Cruz. Allí, el doctor López describió un equipo que trabaja todos los días, con atención médica, enfermería, agentes sanitarios y un servicio de salud mental que funciona los martes mediante turnos coordinados.
La atención directa se desarrolla entre las 7 y las 15, aunque el profesional explicó que, dependiendo de la cantidad de pacientes, puede extender su jornada hasta las 16 o las 17.
«Reconocemos el barrio, conocemos a la gente», resumió López, dejando entrever que el trabajo sanitario tiene también una dimensión que no aparece en las estadísticas: el vínculo construido durante años con las familias, el conocimiento de sus problemas y la confianza que se genera cuando los profesionales forman parte de la vida cotidiana de una comunidad.
Pero detrás de esa cercanía también hay dificultades. El médico señaló que vienen absorbiendo una demanda creciente de personas afiliadas a PAMI que encuentran inconvenientes para acceder a las prestaciones y terminan recurriendo a la salita barrial. Una situación que, según explicó, también repercute en el hospital y en otros centros de atención.
A eso se suma otro fenómeno que preocupa: cada vez más personas se quedan sin cobertura de obra social y encuentran en el sistema público su única posibilidad de atención.
La primera puerta del sistema de salud
López aprovechó la conversación para recordar algo que muchas veces se pierde de vista: las salitas barriales no son guardias médicas, sino centros de atención primaria, promoción y prevención de la salud.
«Estamos en la trinchera», expresó durante el intercambio con Villablanca, aunque rápidamente puso el acento en el verdadero sentido de esa tarea: ser el primer nivel de atención, el lugar donde se detectan problemas, se acompaña a los pacientes y se trabaja para evitar que las enfermedades avancen.
La jornada de testeos en Santa Cruz fue, precisamente, una expresión concreta de ese concepto. Acercar los análisis a quienes quizás no encuentran el momento, los medios o la decisión de acercarse a un hospital. Ofrecer información sin prejuicios, despejar dudas y facilitar el acceso a un diagnóstico.
Porque, como explicó el propio equipo médico, la única manera de saber si existe una infección es realizarse el test. Y para que eso ocurra, muchas veces hace falta algo más que disponer de un laboratorio: hay que salir a buscar a la comunidad.
En Santa Cruz, la salud tuvo ese día una presencia distinta. Entre conversaciones, análisis, preservativos y consejos, los profesionales volvieron a poner en práctica una premisa sencilla, pero esencial: prevenir también es estar cerca, conocer a los vecinos y garantizar que el cuidado llegue hasta la puerta de sus casas.









