Inicio / NACIONALES / El EMAE hunde por segundo mes consecutivo: el agro y la energía no alcanzan para sacar al resto de la economía del pozo

El EMAE hunde por segundo mes consecutivo: el agro y la energía no alcanzan para sacar al resto de la economía del pozo

A pesar del superávit fiscal y la desaceleración de la inflación, el 68% de los sectores productivos permanece por debajo de los niveles de 2023. La industria y el consumo profundizan el deterioro, mientras especialistas alertan que el estancamiento del mercado interno amenaza el propio equilibrio fiscal.

La economía argentina volvió a mostrar señales de agotamiento. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó un 0,5% en mayo respecto de abril en la serie desestacionalizada, acumulando así su segunda contracción consecutiva, según publicó el portal “La Política Online” con la firma de Luciana Glezer. El dato duro confirma una realidad que las variables macroeconómicas no logran ocultar: ni la desaceleración de la inflación, ni el superávit fiscal, ni el dólar estable han logrado transformarse en una recuperación general de la actividad.

El cuadro es todavía más preocupante al observar la radiografía de “economía a dos velocidades” que atraviesa el país. Según un análisis de C-P Consultora, mientras el agro y la energía crecieron un 36% respecto de 2023 —y junto con la intermediación financiera y los impuestos netos de subsidios explican casi toda la mejora del indicador agregado—, el 68% de la economía permanece un 2,5% por debajo de los niveles de hace dos años. De hecho, cerca del 70% del aparato productivo se deterioró desde diciembre de 2025.

La apuesta oficial y el “derrame” ausente

La estrategia del Gobierno nacional consiste en esperar que el crecimiento emane de la energía, la minería y el agro. No es casualidad que, mientras los indicadores muestran un deterioro persistente del mercado interno, empresarios reunidos en IDEA sostengan que la Argentina puede crecer entre un 3% y un 4% anual impulsada justamente por esos tres sectores. Es el mismo diagnóstico que guía la política económica oficial.

Sin embargo, el problema es que el “derrame” no aparece. Los sectores dinámicos pesan demasiado poco en términos de empleo para compensar la caída de la industria, el comercio, el consumo y buena parte de los servicios, que son los verdaderos motores del trabajo argentino.

Industria en terapia intensiva

Los datos industriales profundizan este diagnóstico. La Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra) informó que la producción metalúrgica cayó un 4,6% interanual en junio y un 0,3% respecto de mayo. En el acumulado del año, la baja llega al 5,7% y la utilización de la capacidad instalada quedó en apenas un 40,8%, un nivel que refleja a una industria funcionando muy por debajo de su potencial.

Ni siquiera el sector metalúrgico vinculado al campo logra cambiar el panorama. Sólo la maquinaria agrícola registró un crecimiento interanual del 3,6%. El resto de los rubros permaneció en terreno negativo: fundición (-9,4%), otros productos de metal (-9%), carrocerías y remolques (-6,7%), bienes de capital (-5,9%), equipamiento médico (-4,8%), equipos eléctricos (-3,1%) y autopartes (-2,8%).

El golpe al consumo y la confianza

El ajuste también se siente con fuerza en los comercios y en la mesa de los argentinos. Las ventas en supermercados cayeron un 1,6% interanual en mayo y todavía se ubican un 10,3% por debajo del promedio de 2023. En los autoservicios mayoristas, la baja fue del 2,2% interanual, y el acumulado contra 2023 alcanza un preocupante 16,8%.

El retroceso golpea sobre todo a los productos básicos de la canasta familiar: las ventas de carnes retrocedieron un 5,5%, los productos de almacén un 5,3%, los artículos de limpieza y perfumería un 10,5% y las bebidas un 9,5%. Sólo algunos rubros como indumentaria o verdulería muestran una recuperación parcial que no alcanza para revertir la tendencia general.

Las expectativas tampoco acompañan. El Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Torcuato Di Tella cayó un 4,8% en julio, marcando que las familias vuelven a deteriorar su percepción sobre la situación económica, en sintonía con la debilidad de la actividad, el empleo y el consumo.

El dilema del Gobierno

La paradoja es cada vez más evidente para los analistas. El Gobierno logró ordenar parte de las variables macroeconómicas y construyó un esquema donde el agro, la minería, la energía y las finanzas concentran el crecimiento. Pero el mercado interno, que explica la mayor parte del empleo y del consumo, continúa sin encontrar un piso.

El economista Juan Manuel Telechea resumió el dilema que enfrenta la Casa Rosada: “Hasta al propio gobierno le serviría reconocer que la actividad, el empleo y los salarios están -en el mejor de los casos- estancados y hacer algo al respecto. Si no, los ingresos fiscales se van a seguir reduciendo y va a ser cada vez más difícil mantener el equilibrio fiscal”.

Un mensaje que deja en claro que, sin mercado interno, la macroeconomía ordenada corre el riesgo de perder su principal sostén.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *