El canciller Bruno Rodríguez desmintió versiones impulsadas por Washington sobre presuntos planes de ataque y drones militares en la isla, mientras el gobierno de Miguel Díaz-Canel acusó a la administración de Donald Trump de fabricar una amenaza para justificar nuevas sanciones y una escalada contra La Habana.
El Gobierno de Cuba volvió a cruzar con dureza a Estados Unidos luego de que funcionarios de la administración de Donald Trump insistieran en presentar a la isla como una amenaza para la seguridad nacional norteamericana. Esta semana, el canciller cubano Bruno Rodríguez rechazó de plano las acusaciones durante una entrevista con la cadena Fox News y cuestionó la falta de pruebas detrás de los señalamientos promovidos por Washington.
La polémica surgió cuando la conductora Martha MacCallum le consultó sobre declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, quien aseguró que Cuba representaría una “amenaza directa” para EE.UU., mencionando supuestos drones militares suministrados por Rusia y China e incluso presuntos debates internos sobre ataques a objetivos estadounidenses.
“Imagínese que Cuba es una pequeña isla, de 100.000 kilómetros cuadrados y 10 millones de habitantes. ¿Sobre la base de qué lógica habría detrás de la idea de que Cuba pudiera amenazar a una superpotencia nuclear?”, respondió Rodríguez. El canciller además desafió a Rubio a presentar evidencias y lo acusó de “mentir una y otra vez” sobre el tema.
Las declaraciones se producen en medio de una nueva escalada política impulsada desde Washington. La semana pasada, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel sostuvo que la idea de que Cuba represente una amenaza “solo puede estar en la mente enferma de algunos funcionarios de la actual administración estadounidense”.
El mandatario denunció que la Casa Blanca busca instalar un escenario de confrontación para justificar nuevas medidas coercitivas. “Cuba ni amenaza, ni desafía, ni provoca a EE.UU. u otro país del mundo. Cuba es una nación de paz”, afirmó, aunque remarcó el derecho soberano de la isla a la legítima defensa.
La tensión creció aún más desde el 29 de enero, cuando Trump firmó una orden ejecutiva declarando una “emergencia nacional” por la supuesta “amenaza inusual y extraordinaria” que representaría Cuba para Estados Unidos y la región.
El documento, difundido por la Casa Blanca, acusa sin presentar pruebas al gobierno cubano de alinearse con países considerados “hostiles”, de albergar “grupos terroristas transnacionales” y de permitir el despliegue de capacidades militares y de inteligencia de Rusia y China en territorio cubano.
Con ese argumento, Washington avanzó con nuevas sanciones económicas y anunció aranceles para países que comercialicen petróleo con la isla, además de advertir posibles represalias contra quienes desafíen las disposiciones estadounidenses.
En ese marco, Marco Rubio anticipó nuevas sanciones contra La Habana y posteriormente oficializó medidas coercitivas adicionales contra funcionarios del gabinete de Díaz-Canel, profundizando una política de presión que vuelve a colocar a Cuba en el centro de la confrontación geopolítica regional.










