Inicio / LOCALES / Un nuevo abrazo simbólico a la Ruta 151 en la jornada del traspaso de Nación a Provincia: Catriel recibe la firma con un grito de hartazgo

Un nuevo abrazo simbólico a la Ruta 151 en la jornada del traspaso de Nación a Provincia: Catriel recibe la firma con un grito de hartazgo

Lejos de cualquier triunfalismo, la comunidad volvió a abrazar la ruta en el día que se oficializó la transferencia. La burocracia no apagó la furia vecinal: “Que no nos mientan más”, exigieron, advirtiendo que la paciencia se agotó y que la ruta sigue siendo un cementerio a cielo abierto.

Bajo un cielo que no logra ocultar la tragedia, Catriel volvió a abrazar su propia herida. Este viernes, en la rotonda del acceso sur, el gobierno local encabezó una nueva y desgarradora manifestación por la Ruta Nacional 151. Lejos de ser una celebración institucional, el acto por la firma del traspaso de la vía desde Nación a la Provincia se tiñó de escepticismo, dolor y duras advertencias: para los vecinos, el papel mojado de las firmas no resucita a los muertos ni repara años de abandono.

Con la presencia de la intendenta Daniela Salzotto, el presidente del Concejo Deliberante Nelson Díaz, concejales y representantes provinciales, la comunidad se congregó una vez más. Tras entonar los himnos y recibir la bendición del cura párroco Temer Muckled —que sonó más a réquiem por las víctimas que a celebración—, la mandataria local definió el clima con crudeza: “Estamos aquí con más dolor por la sumatoria incesante de tragedias que día a día nos hacen añadir sufrimiento a nuestros corazones y datos fríos a las estadísticas”.

Y es que la Ruta 151, el supuesto “pulso de la producción petrolera” y el lazo vital con el Alto Valle, se ha convertido en una trampa mortal. El reclamo, que lleva años y gestiones, estalló en los discursos de los vecinos, quienes dejaron en claro que la burocracia estatal les ha costado la vida.

“Que no nos mientan más”
El anuncio del traspaso fue recibido con un hartazgo palpable. Ramidán, tomando la palabra en nombre de las víctimas y de quienes ya no están, fue lapidario al exponer la frustración de un pueblo acostumbrado a las promesas incumplidas: “Que no nos mientan más, que el 29, que el 5, que el 30. Sabemos que es un tema de dinero o lo que sea, pero tienen que resolver esto. Nosotros estamos para proteger”.

La misma línea, pero con tono de ultimátum, mantuvo Javier Rivera, presidente de la Junta Vecinal del Barrio Marini. Tras destacar el esfuerzo de la intendencia para “cargar con esto al hombro”, Rivera dirigió su dardo a la Provincia, que a partir de ahora tiene la responsabilidad: “Hoy el gobernador tiene la firma y la herramienta necesaria para desenvolver los fondos. Tiene que hacerlo. Si no, nos van a encontrar acá todos los días… y va a ser peor. Vamos a tomar otras decisiones que no corresponden”. El mensaje fue claro: la movilización social está a un nuevo accidente de distancia de desbordar los cauces institucionales.

La denuncia a la desidia nacional y las “soluciones” a medias
La propia intendenta Salzotto se encargó de romper cualquier clima de complacencia oficialista. Con la crudeza de quien transita la ruta a diario y ha enterrado a sus vecinos, señaló con el dedo a la clase política en su conjunto, sin importar el signo partidario. “Me tocó hablar con todos los gobiernos: Macri, Fernández, Milei. A nadie le interesó realmente lo que padecemos. Nunca antes había observado tanta desidia y abandono como en este gobierno”, disparó, responsabilizando tanto a los anteriores como a la actual gestión nacional.

Además, la mandataria local se encargó de bajar los decibeles al entusiasmo al aclarar que el traspaso es parcial y no soluciona la totalidad del problema: abarca solo desde el kilómetro 109 hasta Puente Dique. “¿Y qué hacemos con el resto? Si sabemos que el estado de deterioro es cada vez peor”, cuestionó, recordando que los “parches” y bacheos paliativos que hace el municipio con recursos propios son un insulto a la inteligencia cuando llega la lluvia.

El espejismo de Vaca Muerta
Mientras el país y los mercados miran hacia Vaca Muerta como el salvador económico de la Argentina, Catriel recuerda que no hay riqueza posible sin caminos transitables. “No hay Vaca Muerta sin Ruta 151. Somos el comienzo de la Patagonia, somos vida”, remarcó Salzotto, cerrando un acto que no fue de clausura, sino de apertura de una nueva etapa de vigilancia extrema.

El pueblo de Catriel, cansado de ser estadística, dejó en claro que mientras el asfalto no se renueve de manera integral, la ruta seguirá siendo un negocio para la muerte y la protesta, su único y frágil cinturón de seguridad.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *