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Sufrimiento social y mentira estadística: el gobierno celebra la baja de la inflación mientras la canasta básica se dispara y el INDEC oculta el hambre

El combinado de sufrimiento social oculto con el falseamiento de los resultados macroeconómicos es una combinación explosiva. Mientras los voceros oficiales aplauden un IPC del 1,7%, el organismo que ellos mismos controlan revela que no ser pobre se encareció un 50% más rápido. Entre la manipulación del deflactor del PIB, el tipo de cambio y un IPC obsoleto, la administración nacional esconde una brutal caída del ingreso per cápita detrás de la ilusión de la “desinflación”.

El INDEC sacó dos datos juntos el mismo día. Adiviná cuál te van a mostrar en las redes oficiales… y cuál van a intentar que no veas.

El del titular, el que generó los aplausos en la Casa Rosada: inflación de agosto del 1,7%, “la más baja en más de un año”. El relato oficial salió a festejar que, por fin, perforaron el piso del 2%. Sin embargo, el dato que no te van a tuitear, el que queda sepultado en las tablas técnicas, es demoledor: la Canasta Básica subió 2,6%, marcando el mayor salto en cinco meses.

La traducción de esta estafa estadística es brutal: no ser pobre se encareció más de un 50% más rápido que la inflación “que baja”.

Las dos películas del mismo organismo

La comparación duele, pero es la radiografía de la mentira oficial. Los números duros que el gobierno prefiere silenciar son los siguientes:

  • IPC general: +1,7% mensual / +33,5% interanual.
  • Canasta Alimentaria (indigencia): +2,6% mensual / +39,6% interanual.
  • Canasta Total (pobreza): +2,6% mensual / +38,3% interanual.

¿Qué significa esto? Que el índice que promedia todo —incluidos aquellos bienes y servicios que la gente ya no compra porque no tiene plata— baja artificialmente, pero el precio de comer sube sin freno. En los últimos 12 meses, la canasta de la indigencia corrió 6 puntos por encima de la inflación general.

Para bajar a la realidad de los números finos: una familia tipo necesitó $1.605.497 para no ser pobre y $726.469 solo para no ser indigente. Por mes. Y eso es apenas para lo mínimo, para la supervivencia básica.

La “desinflación” es real… para el que ya llegaba a fin de mes. Para el que la pelea día a día, la góndola corre mucho más rápido que la estadística que festejan los funcionarios. El mismo organismo, el mismo día, a la misma hora, filmó dos películas distintas.

Bajar el promedio no es lo mismo que bajar el costo de vivir. Estabilizar la nominalidad no es desarrollar. ¿De qué sirve la inflación “más baja en un año” si el plato de comida sube casi el doble?

Manipulación macroeconómica y promesas rotas

Lejos del discurso de festejo oficialista, la realidad indica que la suba general de los precios se mantiene estable y crónica desde hace 12 meses en torno del 32% anual. De acuerdo con el propio Indec, el pico de suba de precios interanual de los últimos doce meses se dio en julio pasado (33,8%), mientras que el piso estuvo en octubre del año pasado (31,3%). La imagen publicada por el organismo este jueves muestra la dificultad del gobierno para perforar un piso invisible en el nivel de precios, en torno del 30%.

Estos niveles están muy por encima de los previstos por el gobierno, que aseguraba con soberbia que para agosto de este año la inflación minorista estaría «aniquilada» o, en el peor de los casos, arrancaría con «cero coma algo», lo que arrojaría subas de precios interanuales por debajo del 10%. Hoy, esa promesa es otro cadáver del relato oficial.

Para tener una dimensión de este fracaso, basta comparar el ritmo de suba de precios anual de este período con el de gobiernos anteriores. Cristina Kirchner entregó su gobierno con una inflación interanual del 27,8% (diciembre de 2015, según el IPC Congreso). En ese año, el pico fue del 35,21% y el piso del 25,20%. Durante los dos primeros años de Mauricio Macri, la inflación subió al 40% en 2016 y bajó al 17% en 2017. Hoy, el gobierno de Javier Milei mantiene un piso de inflación anual superior al 30%, destruyendo el poder adquisitivo como nunca antes.

El costo oculto de las “anclas” y el INDEC obsoleto

La inflación del gobierno de Javier Milei se produce a pesar —y a causa— de la cantidad de «anclas» con las que busca impedir que los precios suban. La más importante y cruel es la recesión provocada por el propio gobierno, diseñada a propósito para que el derrumbe de la demanda interna y la destrucción del poder adquisitivo tiren abajo los precios. A ello se le suman el dólar planchado, el ajuste del gasto público y el apretón monetario.

Pero la mentira va más allá de la góndola. El gobierno utiliza el obsoleto IPC del INDEC y se niega rotundamente a reemplazarlo por el Nuevo IPC, el cual acusa un desvío del 20%. Esta maniobra le permite al oficialismo disimular una inflación real y una caída de ingresos de las personas y hogares que está lejos de ser tal.

E igualmente sucede con los Egresos e Ingresos fiscales, el tipo de cambio real y el PIB. A través de la manipulación de su deflactor, el gobierno registra una notable caída del ingreso per cápita que las estadísticas adulteradas intentan camuflar.

El consumo como arma de destrucción masiva

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) indicó este jueves en un informe la cruda realidad de estas políticas: «La caída del consumo sigue siendo el principal driver respecto de la evolución de la inflación. Adicionalmente, la intención de mantener estable el dólar volvió a estar a la orden del día, incluso con intervenciones, y se reflejó en que en la primera semana del mes el tipo de cambio se movió al alza en sólo 0,1%. Asimismo, el gobierno decidió mantener de hecho el congelamiento de precios de combustibles».

Por su parte, la consultora LCG fue clara sobre el techo de vidrio de este modelo: «Esperamos que la inflación se estabilice apenas por debajo de la zona del 2% mensual, en línea con los pronósticos de la mediana del REM. Los aumentos postergados en regulados (básicamente combustibles y tarifas) sostendrán la presión y parece difícil esperar una convergencia muy marcada que lleve los niveles de inflación debajo del 1% mensual, aun cuando la actividad sigue deprimida y se sostiene el ancla cambiaria».

Mientras el gobierno se mira el ombligo y celebra perforar un 2% mensual que nadie siente en el supermercado, millones de argentinos siguen dependiendo de ollas populares, comedores y de la solidaridad vecinal para comer. La estadística puede mentir, pero el hambre no.

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