Inicio / NACIONALES / Medicamentos a precio de oro: la desregulación que promete abaratar mientras los argentinos pagan hasta seis veces más

Medicamentos a precio de oro: la desregulación que promete abaratar mientras los argentinos pagan hasta seis veces más

El 90% de los medicamentos de uso frecuente relevados resulta más caro en Argentina que en los mercados internacionales. La diferencia alcanza una mediana de 3,1 a 1 y, en algunos casos, supera ampliamente esa brecha. El dato vuelve a poner bajo la lupa la política de desregulación impulsada por el Gobierno nacional.

Mientras el Gobierno de Javier Milei presenta la desregulación como una receta para reducir costos y ampliar la competencia, los precios de los medicamentos ofrecen una postal bastante menos alentadora: los argentinos llegan a pagar hasta varias veces más que consumidores de otros países por tratamientos de uso cotidiano y, en muchos casos, indispensables para sostener su salud.

Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, en el 90% de las comparaciones realizadas los medicamentos de uso frecuente en Argentina fueron más caros que en el mercado internacional. El sobreprecio presenta una mediana de 3,1 veces respecto de los valores relevados en otros países.

El estudio comparó los precios de venta al público de 17 principios activos esenciales en Argentina, Brasil, Estados Unidos, Francia, España e India. Para evitar distorsiones, los valores fueron estandarizados mediante la Dosis Diaria Definida (DDD), la unidad de referencia recomendada por la Organización Mundial de la Salud.

El resultado es contundente: Argentina aparece sistemáticamente por encima de los precios internacionales.

La diferencia es particularmente brutal frente a India, donde los medicamentos analizados cuestan, en promedio, 6,7 veces menos que en Argentina. Frente a España, la brecha llega a 5,3 veces; con Francia, a 3,4; con Estados Unidos, a 1,8; y respecto de Brasil, los precios argentinos son 1,6 veces superiores.

Tratamientos crónicos convertidos en un lujo

Los números adquieren todavía mayor gravedad cuando se observan medicamentos destinados a enfermedades crónicas y de altísimo consumo.

La levotiroxina, utilizada para tratamientos vinculados con la tiroides, representa uno de los casos más contundentes. El tratamiento mensual cuesta aproximadamente US$ 19,3 en Argentina, contra US$ 3,1 en el exterior.

Medida por dosis diaria, la diferencia resulta todavía más impactante: US$ 0,644 en Argentina frente a una mediana internacional de US$ 0,103.

En España, la dosis cuesta US$ 0,08; en Estados Unidos, US$ 0,14; y en India, apenas US$ 0,02. Es decir, la dosis argentina llega a ser 26,2 veces más cara que la india.

La atorvastatina, utilizada para controlar el colesterol y reducir riesgos cardiovasculares, también exhibe una brecha enorme. El tratamiento mensual cuesta alrededor de US$ 43,1 en Argentina frente a US$ 8 en el exterior.

Por dosis diaria, el valor local alcanza US$ 1,437, más de cinco veces la mediana internacional de US$ 0,267. En Brasil cuesta US$ 0,37; en Estados Unidos, US$ 0,29; en España, US$ 0,12; y en India, US$ 0,10.

Algo similar ocurre con la metformina, uno de los medicamentos fundamentales para el tratamiento de la diabetes tipo 2. En Argentina, el tratamiento mensual llega a US$ 26,1, contra US$ 5,3 en los mercados comparados.

La dosis diaria argentina alcanza US$ 0,871, frente a US$ 0,175 de mediana internacional. En Brasil cuesta US$ 0,55; en Estados Unidos, US$ 0,28; en España, US$ 0,08; y en India, apenas US$ 0,07.

La paradoja de la desregulación

En este escenario, el Gobierno nacional impulsa, a través del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, una mayor apertura del mercado farmacéutico, incluyendo la posibilidad de que las provincias realicen importaciones directas y promoviendo la prescripción por nombre genérico como mecanismos para reducir el costo de los tratamientos.

El problema es que abaratar medicamentos no equivale automáticamente a desregular su circulación.

Los medicamentos no son un producto cualquiera. No son zapatillas, electrodomésticos ni un servicio cuya única variable sea el precio. Son bienes sociales de interés sanitario, y cualquier modificación de las reglas que regulan su fabricación, distribución, comercialización y dispensa tiene consecuencias directas sobre la salud de millones de personas.

Por eso, detrás de la legítima necesidad de terminar con precios abusivos aparece una pregunta incómoda: ¿la respuesta debe ser eliminar controles o debería ser, precisamente, fortalecer las políticas públicas capaces de impedir abusos y garantizar el acceso?

Profesionales del sector sanitario han advertido que una desregulación mal diseñada puede favorecer problemas que exceden ampliamente la cuestión económica: automedicación, utilización inadecuada de fármacos, interacciones medicamentosas, reacciones adversas, resistencia antimicrobiana y retrasos en diagnósticos que pueden resultar determinantes.

El verdadero problema no es solamente cuánto cuesta una caja

La discusión sobre el precio de los medicamentos es necesaria y urgente. Que una persona necesite pagar varias veces más por la misma droga que un paciente de otro país constituye una señal de alarma que no debería ser naturalizada.

Pero utilizar esa situación como argumento para desmontar controles sanitarios sería una peligrosa simplificación.

Si el mercado farmacéutico argentino tiene precios exorbitantes, la pregunta no debería ser solamente cómo quitar regulaciones, sino por qué el sistema permite que medicamentos esenciales alcancen semejantes valores.

La competencia puede ser una herramienta. La importación puede ser otra. La utilización de genéricos también puede contribuir a reducir costos. Pero ninguna de esas medidas debería convertirse en una excusa para debilitar la trazabilidad, los controles de calidad, la supervisión profesional y el uso racional de medicamentos.

Porque si el Estado abandona su función reguladora en nombre de la libertad de mercado, el riesgo es que la supuesta libertad termine siendo, para millones de argentinos, la libertad de elegir entre pagar una fortuna por sus medicamentos o directamente resignar un tratamiento que necesitan.

El desafío, entonces, no es elegir entre medicamentos caros o medicamentos sin controles. Es construir políticas capaces de bajar los precios sin bajar los estándares sanitarios.

Y frente a un dato que muestra medicamentos hasta 26 veces más caros que en otros mercados, resulta difícil sostener que el problema argentino sea simplemente la existencia de demasiadas regulaciones. Tal vez el verdadero fracaso esté en un sistema que, después de años de controles y reformas, todavía permite que la salud se pague a precio de oro.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *