Pese al alineamiento incondicional de Milei con Trump, Washington dejó afuera a los frigoríficos nacionales de un contingente de 300.000 toneladas sin aranceles. La paradoja: el principal beneficiario será el país gobernado por su adversario político, Luiz Inácio Lula da Silva. La política de “América Primero” volvió a demostrar que no hay privilegios para los amigos ideológicos.
El alineamiento incondicional de Javier Milei con Donald Trump volvió a chocar de frente contra los intereses económicos de la Argentina. En un nuevo episodio que desnuda el fracaso de la diplomacia de los “abrazos” y la sumisión automática, Estados Unidos dejó al país afuera de una nueva cuota extraordinaria para importar 300.000 toneladas de carne vacuna sin aranceles.
La ironía, que en la Casa Rosada prefieren evitar mencionar, es de proporciones geopolíticas: uno de los principales beneficiarios de esta millonaria oportunidad comercial será Brasil, gobernado por Luiz Inácio Lula da Silva, adversario político tanto del Presidente argentino como del mandatario estadounidense.
La decisión expone, una vez más, la abismal distancia entre la costosa estrategia diplomática de Milei y los beneficios comerciales concretos que obtiene la Argentina. El Presidente convirtió el vínculo con Trump en el pilar central, casi excluyente, de su política exterior. Subordinó la agenda internacional, modificó posiciones históricas y desgastó relaciones clave con la excusa de que pertenecer al “universo político” de Washington se traduciría en inversiones, financiamiento y mercados abiertos.
Sin embargo, cuando la Casa Blanca necesitó abrir su mercado para contener la inflación y el precio de la carne en su propio territorio, los frigoríficos argentinos quedaron afuera. Brasil, en cambio, aparece en una posición privilegiada para aprovechar el nuevo negocio.
La resolución de EE.UU. y el portazo a la Argentina
Trump firmó una proclamación que habilita, durante 90 días, un contingente extraordinario de hasta 300.000 toneladas de carne vacuna magra sin aranceles. El esquema arrancará el próximo 1° de septiembre y permitirá importar hasta 100.000 toneladas mensuales durante septiembre, octubre y noviembre. El objetivo de Washington es claro: incrementar un 10% la oferta disponible y lograr que estos cortes se comercialicen con precios un 25% inferiores a los habituales para aliviar a los consumidores estadounidenses.
¿Y la Argentina? Quedó excluida. Desde el sector ya habían advertido sobre el espejismo de las “ventajas” por cercanía ideológica. El presidente del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC), Mario Ravettino, había pedido cautela cuando Trump anticipó la medida para evitar generar falsas expectativas. Conocidos los detalles, Ravettino confirmó que el mecanismo está destinado a países que no poseen una cuota consolidada ante la OMC. Argentina, Uruguay, Australia y Nueva Zelanda quedaron afuera. Brasil, al no tener una cuota específica, se lleva el premio.
La excusa de Washington y la realidad del “América Primero”
La explicación formal y casi condescendiente de Washington para dejar a la Argentina afuera es que el país “ya cuenta con una vía preferencial” para vender carne. Hacen referencia a la cuota histórica de 20.000 toneladas anuales (que la propia administración Trump decidió ampliar este año), una cifra que, comparada con las 300.000 toneladas de este nuevo contingente, revela el verdadero lugar que ocupa la Argentina en la mesa de los negocios estadounidenses.
Este episodio marca los límites de una apuesta diplomática que solo tiene costos para el bolsillo de los argentinos. Washington diseñó el nuevo esquema exclusivamente en función de sus propias necesidades domésticas, sin considerar en absoluto la cercanía política del gobierno de Milei.
La prioridad estadounidense es contener el precio de la carne interna. El rodeo bovino de EE.UU. está en su nivel más bajo en 75 años, con una producción que caerá un 4% en 2026 debido a sequías, incendios y restricciones sanitarias. Ante la falta de stock, Trump optó por abrir las importaciones de carne magra para moler. La administración republicana vende la medida como una protección al consumidor, pero detrás de la cortina humo aparece la conclusión que la Cancillería argentina debería grabar a fuego: la política comercial de EE.UU. responde al principio que el propio Trump convirtió en bandera: primero están los intereses estadounidenses.
Un blunder geopolítico
La paradoja resulta todavía más incómoda, y vergonzante, para la Casa Rosada si se analiza el tablero regional. Para alinearse con Trump bajo la premisa de que esa cercanía traería réditos, Milei eligió confrontar políticamente con Lula y deteriorar el vínculo con Brasil, que sigue siendo el principal socio comercial de la Argentina.
Hoy, esa confrontación ideológica luce como un berrinche estéril. Una decisión del propio Trump dejó afuera al “aliado argentino” y le sirvió en bandeja una oportunidad de oro al gobierno brasileño.
La cercanía ideológica, los discursos en foros internacionales y la subordinación automática no garantizan un lugar en el mercado estadounidense cuando se trata de repartir oportunidades comerciales extraordinarias. La sumisión gratuita no trae divisas, no abre mercados y, como demuestra esta nueva cuota de carne, ni siquiera garantiza el respeto de aquellos a los que se intenta complacer a cualquier costo.
Con informaciön de Página 12










