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Cloacas a cielo abierto en Catriel: un problema crónico que el Estado provincial sigue sin resolver

Vecinos vuelven a denunciar la presencia de aguas servidas en pleno centro y exigen respuestas urgentes a Aguas Rionegrinas. La postal, repetida hasta el hartazgo, expone una desidia estructural que ya no admite excusas.

Catriel arrastra desde hace décadas una deuda básica que ningún gobierno logró saldar: el manejo eficiente de sus efluentes cloacales. Lejos de tratarse de un episodio aislado, la presencia de aguas servidas recorriendo calles céntricas vuelve a poner en evidencia un problema estructural que, cada tanto, irrumpe con crudeza para recordar que, en materia de saneamiento, nada ha cambiado.

En los últimos días, vecinos y vecinas hicieron oír nuevamente su malestar a través de redes sociales, donde circularon imágenes y testimonios que reflejan una situación tan indignante como peligrosa. Según relevó Pedro Cara en su cuenta de Facebook, los reclamos se concentran en puntos neurálgicos como la avenida San Martín —en inmediaciones de La Fuente y Roque Sáenz Peña—, además de las calles España y La Rioja.

pero no solo en las redes se reclama, también lo han hecho por las vías formales y la respuesta, tranquilamente pudiera ironizarse como “Gracias por participar”.

No se trata solamente de una cuestión estética o de incomodidad. Los frentistas advierten sobre olores persistentes, imposibles de ignorar, y alertan por un riesgo sanitario concreto: la potencial proliferación de enfermedades vinculadas a la contaminación y la falta de higiene en la vía pública. En otras palabras, un problema de salud pública que se naturaliza peligrosamente.

VIDEO DE UNA VECINA MOSTRANDO LAS AGUAS CLOACALES POR LAS CALLES

La responsabilidad de esta situación recae, sin margen de interpretación, en el gobierno provincial a través de Aguas Rionegrinas, organismo encargado del servicio. Sin embargo, como ocurre con frecuencia, la presión social termina descargándose en el municipio, primera ventanilla de reclamos en el territorio, aunque carezca de competencia directa para resolver el fondo del asunto.

Lo cierto es que la reiteración del problema erosiona la paciencia de una comunidad que ya no se conforma con intervenciones parciales ni soluciones temporales. Catriel no necesita parches: necesita una obra integral, sostenida y planificada que termine de una vez con este circuito de abandono.

Mientras tanto, las aguas servidas siguen su curso —literalmente— por las calles de la ciudad, recordando que, en pleno siglo XXI, hay deudas esenciales que la política todavía no está dispuesta a saldar.

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