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El milagro de Ara: De la muerte clínica a tejer un nuevo destino en Catriel

Susana Araceli Duarte sobrevivió a un accidente, 13 cirugías y un infarto que la dejó clínicamente muerta ante sus hijos. Hoy, con una sola pierna y un espíritu inquebrantable, emprende desde el reciclaje y pide ayuda para construir su propio taller.

En Catriel, hay historias que no solo conmueven, sino que obligan a mirar hacia adentro y preguntarnos qué haríamos nosotros si la vida nos golpeara tan duro. Susana Araceli Duarte, conocida cariñosamente como “Ara”, tiene 43 años, es madre de nueve hijos (cinco de su panza y cuatro del corazón) y abuela de 12 nietos. Pero su título más importante hoy es el de sobreviviente.

Este domingo, Ara rompió su silencio y su “vergüenza” para contar su calvario en el programa De Ida y Vuelta de FM Laser Catriel. Su voz, serena pero cargada de una fuerza indescriptible, narró cómo el destino intentó arrebatárselo todo y cómo ella, con la gracia de Dios y una máquina de coser, decidió quedarse.

El día que el mundo se detuvo

Todo cambió el 7 de julio de 2023. Ara trabajaba en seguridad y remises para sostener a su familia. Una noche, bajo la lluvia y el barro de Peñas Blancas, una moto se resbaló. Ara salió disparada. Lo que siguió fue una pesadilla médica: tibia y peroné fracturados, una infección que no cedía y 13 cirugías.

El punto de quiebre llegó el 26 de febrero de este año. En la sala de operaciones, el cuerpo de Ara dijo basta. Sufrió un infarto. Luego otro.
“El médico le dijo a mis hijos que yo me había muerto”, relata Ara con una tranquilidad que eriza la piel. “Estuve clínicamente muerta. Mis hijos se despedazaron, mi hija se desmayó. Pero Diosito no me quiso. Volví”.

Tras ocho días de coma, Ara despertó. No solo había vencido a la muerte, sino que tuvo que enfrentar la realidad de su cuerpo: la infección obligó a la amputación de su pierna. Lejos de hundirse, su respuesta fue una lección de estoicismo: “Quizás no la voy a tener, pero no me puedo poner mal. Tengo que seguir”.

Cose su propia esperanza

Hoy, Ara vive en una casa prestada por su ex marido, rodeada de sus hijos. Su silla de ruedas no es propia; se la alquila Cáritas. En su casa usa muletas, pero el miedo a caerla mantiene recluida. Sin embargo, su mente no está quieta.

Aprendió a coser viendo videos en YouTube. Recicla ropa que la gente ya no usa y la transforma en set materos, organizadores, delantales y regalos útiles. “Si me quedo acostada lamentándome, igual no voy a tener lo que me falta”, dice. Su emprendimiento es su terapia y su sustento.

La realidad que golpea (y cómo ayudar)

Ara es una guerrera, pero la guerra contra la inflación y los impuestos es desigual. Con lágrimas en la voz, confesó el shock que recibió al abrir la boleta del gas: 180 mil pesos. “Casi me muero”, bromeó con ironía, refiriéndose a esa segunda muerte que ya vivió.

Hoy, Ara no pide limosna, pide oportunidades y materiales para seguir siendo independiente.

  1. Materiales de costura: Retazos, telas, ropa en desuso para reciclar.
  2. Un techo para su taller: Ara tiene un lugar en el fondo de su casa, pero le faltan paredes. Su sueño es conseguir nylon o materiales para cerrar el perímetro y poder trabajar protegida del viento y el frío, sin que la lluvia detenga su producción.
  3. Solidaridad: Cualquier ayuda para afrontar los servicios básicos es un respiro para que ella pueda destinar lo que cose a la comida de sus hijos.

¿Cómo colaborar con Ara?

La solidaridad de Catriel ya se hizo presente con la donación de la máquina de coser y la carne de la carnicería Feivita, pero el camino es largo. Si esta historia te tocó el corazón, Ara te espera.

  • WhatsApp / Contacto: 299 – 4100 – 137
  • Facebook: Buscar como Araceli Barreiro (o por su nombre Susana Araceli Duarte) para ver sus trabajos y encargar los tuyos.

Como ella misma dice: “Ojalá yo quisiera con el corazón poder caminar e irme a trabajar, pero me tocó esto y con esto voy a luchar”. No dejemos que luche sola.

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