Un informe de Pew Research Center alerta de que el 37% de la población global percibe al organismo como ineficaz, con picos de rechazo que van desde el 79% en Israel hasta el escepticismo generalizado en las potencias occidentales.
Las banderas de los Estados miembros ondean frente al East River, pero el edificio de cristal de la ONU parece más una fortaleza sitiada que el centro neurálgico de la diplomacia mundial. Un nuevo y demoledor informe del Pew Research Center ha puesto cifras a lo que muchos analistas ya sospechaban: la Organización de las Naciones Unidas atraviesa su crisis de legitimidad más profunda desde su fundación, con una imagen negativa que ha alcanzado un promedio histórico del 37% a nivel global.
Lejos de ser una fluctuación coyuntural, los datos revelan un desgaste estructural. La ciudadanía mundial, harta de resoluciones ignoradas y cumbres climáticas sin dientes, mira al organismo multilateral no como un garante de paz, sino como un gigante burocrático incapaz de abordar los conflictos reales del siglo XXI.
Oriente Medio: El epicentro del fracaso
Si hay un termómetro que marque la fiebre de la ineficacia onusina, ese es Oriente Medio. La región concentra el mayor grado de animadversión hacia la entidad, liderada por un Israel que muestra un rechazo categórico del 79%. Esta cifra no es solo un dato estadístico; es un veredicto político. Para una gran parte de la población israelí, la ONU ha dejado de ser un árbitro neutral para convertirse en un teatro de hostilidades y sesgos, donde la burocracia internacional parece más interesada en condenar que en solucionar.
La desafección en el “patio trasero”
El deterioro no se limita a las zonas de conflicto activo; la infección se ha extendido a las Américas, tradicionalmente terreno fértil para el multilateralismo. En Chile, la percepción desfavorable asciende a un alarmante 45%, mientras que en México alcanza el 43%. Estos números sugieren que la ciudadanía latinoamericana ya no ve a la ONU como un aliado en el desarrollo, sino como un ente desconectado de sus urgencias sociales y económicas.
Resulta paradójico, y preocupante para la institución, que incluso en Estados Unidos —país anfitrión y principal financiador— el escepticismo se haya instalado con fuerza. Un 43% de los ciudadanos miran a la sede de Nueva York con recelo, reflejando un aislamiento creciente y una pérdida de fe en que las instituciones globales puedan proteger los intereses nacionales o la seguridad internacional.
Europa: El fin del consenso
Quizás el golpe más duro para el establishment diplomático provenga de Europa, cuna de la diplomacia moderna. Grecia lidera el descontento en el continente con un 50% de opinión negativa, seguida de cerca por España (48%) y Francia (43%). Que las sociedades europeas, históricamente volcadas con el proyecto internacional, estén dando la espalda a la ONU indica que la promesa de “salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra” suena hoy a eslogan vacío para millones de europeos que enfrentan incertidumbre económica y migratoria sin ver una respuesta efectiva en el Consejo de Seguridad.
Un organismo anacrónico
El reporte del Pew Research Center no solo mide opiniones, sino que certifica el abismo entre la institución y los ciudadanos. Con un tercio del mundo viendo a la ONU de forma negativa y el resto oscilando entre la indiferencia y la esperanza diluida, el organismo enfrenta un dilema existencial: o se reforma radicalmente para dejar de ser un club de debate estéril, o aceptará su destino como un museo de las buenas intenciones del siglo XX, mientras el mundo real arde por fuera de sus ventanas blindadas.
Con información de Sputnik










