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(Video) El Gobierno de Milei pierde poder y empieza a negociar: gobernadores, PASO y una economía que condiciona la política

El gobierno de Javier Milei atraviesa un momento de creciente fragilidad política que empieza a modificar su relación con gobernadores, aliados y dirigentes que hasta hace pocos meses acompañaban sin demasiadas objeciones las iniciativas de la Casa Rosada. Así lo planteó Ignacio Fidanza, director de La Política Online y columnista del programa GPS, conducido por Rolando Graña en América TV, al analizar las negociaciones que encabeza Karina Milei y las dificultades que enfrenta el oficialismo.

Según Fidanza, detrás del llamado de Karina Milei a Mauricio Macri y de las conversaciones que la hermana del Presidente mantiene con gobernadores existe una razón concreta: el deterioro de algunas variables económicas y la pérdida de respaldo político del Gobierno.

El periodista vinculó esas gestiones con un planteo del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien, según explicó, cada vez que la situación económica se complica tiende a responsabilizar a la política. Fidanza señaló que aumentaron “la tasa, la inflación y el riesgo país”, mientras que el empleo no siguió esa misma tendencia favorable.

En ese escenario, Karina Milei habría comenzado a negociar con gobernadores de distintos sectores. El pedido de los mandatarios provinciales sería concreto: contar con libertad para disputar su reelección, evitar que La Libertad Avanza les presente candidatos competitivos o, directamente, acordar listas que les permitan preservar el poder territorial.

“Todos le piden lo mismo”, sostuvo Fidanza, quien aseguró que la respuesta de Karina Milei estaría siendo favorable a esas demandas.

La estrategia, según el análisis periodístico, incluiría un período de dos meses para comenzar a blanquear públicamente los acuerdos. Los gobernadores que cierren entendimientos podrían competir bajo sellos provinciales propios, mientras reservarían la discusión de las candidaturas nacionales para otro momento.

Para los mandatarios provinciales, el escenario resulta particularmente conveniente: consiguen garantías territoriales ahora y mantienen abiertas las alternativas electorales nacionales para después.

El Gobierno ya no impone las condiciones

El cambio de escenario resulta significativo. Durante la primera etapa de la gestión libertaria, el Gobierno consiguió avanzar con reformas y proyectos legislativos mediante acuerdos con gobernadores y sectores considerados dialoguistas. Esa capacidad de imponer condiciones, sin embargo, parece haberse debilitado.

Fidanza describió un proceso de alejamiento progresivo: gobernadores que inicialmente acompañaban al oficialismo comenzaron a tomar distancia a medida que Milei perdió respaldo en las encuestas y las dificultades económicas comenzaron a afectar las expectativas.

En otras palabras, el poder de negociación cambió de manos.

Los gobernadores, que antes aparecían necesitados del Gobierno nacional para conseguir obras, recursos o respaldo político, ahora perciben que la Casa Rosada también necesita sus votos y su estructura territorial.

La diferencia no es menor. El oficialismo pretendía inicialmente conservar una posición dominante en la negociación de las listas nacionales. Hoy, en cambio, debe escuchar demandas que meses atrás difícilmente hubieran sido aceptadas.

Las PASO, una negociación con cartas escondidas

Uno de los principales escenarios donde se medirá esta nueva relación de fuerzas será el debate por la eliminación o suspensión de las PASO.

El Gobierno sostiene que las primarias generan un calendario electoral demasiado extenso y pueden complicar el escenario económico entre agosto y octubre. Sin embargo, dentro del propio oficialismo existen dudas sobre la conveniencia electoral de eliminarlas.

La preocupación es sencilla: sin PASO, podrían multiplicarse las candidaturas opositoras o alternativas dentro del mismo espacio político, fragmentando el voto y favoreciendo una elección de primera vuelta más competitiva.

En el propio oficialismo, según Fidanza, algunos advierten que podrían aparecer candidaturas como las de Victoria Villarruel, Jorge Brito u otros dirigentes, dividiendo el electorado y quitándole al espacio de Milei los puntos necesarios para evitar un escenario adverso.

Por eso, detrás de la discusión institucional sobre las PASO existe una disputa mucho más profunda: cómo llegará Milei a las elecciones y qué nivel de respaldo conservará cuando llegue el momento de definir las candidaturas.

Karina, Macri y los gobernadores: la política vuelve por la ventana

El acercamiento de Karina Milei a Mauricio Macri tampoco aparece aislado. Forma parte, según Fidanza, de una estrategia para recomponer vínculos políticos en un momento en que el oficialismo enfrenta dificultades para sostener su esquema de alianzas.

El Gobierno que durante meses hizo de la confrontación una herramienta de construcción política parece obligado ahora a moderar algunas respuestas y abrir canales de diálogo.

La paradoja es evidente: el movimiento que llegó a la Casa Rosada prometiendo terminar con “la casta” necesita cada vez más de los dirigentes políticos que decía venir a desplazar.

Y no se trata únicamente de una cuestión parlamentaria. Los gobernadores tienen estructuras, votos, legisladores y capacidad para condicionar el rumbo nacional. Por eso, cuando el poder de Milei disminuye en las encuestas, aumenta el valor político de quienes controlan territorios y pueden aportar votos en el Congreso.

La economía vuelve a marcar los límites

Fidanza también puso el foco en el problema económico que atraviesa al Gobierno. El modelo libertario conserva como uno de sus principales activos la reducción de la inflación, pero esa conquista convive con una actividad económica debilitada y con crecientes interrogantes sobre el tipo de cambio, el nivel de las tasas y el riesgo país.

El debate con el Fondo Monetario Internacional aparece en ese punto como una cuestión central. Mientras Milei busca preservar el esquema cambiario y evitar una aceleración de la inflación que pueda erosionar su principal bandera política, desde el organismo internacional existirían presiones para flexibilizar el tipo de cambio.

El dilema es evidente: modificar el esquema puede generar mayor presión inflacionaria; mantenerlo puede profundizar las dificultades sobre la actividad económica.

Así, el Gobierno enfrenta una contradicción que ya no puede resolver únicamente con discursos: la estabilidad de precios puede sostenerse a costa de una economía que pierde dinamismo, mientras cualquier relajamiento del esquema cambiario amenaza con afectar el principal logro que Milei reivindica.

El conflicto interno también crece

A las dificultades económicas y electorales se suma una creciente disputa dentro del propio oficialismo.

El enfrentamiento con Patricia Bullrich es presentado por Fidanza como un ejemplo de esa tensión. La ministra habría construido un discurso según el cual el oficialismo tiene dos figuras competitivas: Milei y ella misma. Esa perspectiva es interpretada por el entorno presidencial como una amenaza, particularmente porque una eventual caída del Presidente en las encuestas podría alterar el equilibrio interno del espacio.

El problema para Milei es que una parte del establishment económico y político continúa respaldando a Bullrich, lo que convierte cualquier disputa interna en algo más que una pelea personal.

En ese marco, la discusión sobre candidaturas, PASO y alianzas no constituye un asunto secundario: está vinculada directamente con la posibilidad de reelección presidencial.

De la confrontación permanente a la necesidad de acuerdos

El cuadro que surge del análisis de Fidanza es el de un Gobierno que comenzó su gestión avanzando sobre el Congreso, enfrentando a gobernadores y utilizando la confrontación como mecanismo de construcción política, pero que ahora debe comenzar a negociar desde una posición menos dominante.

Incluso varias iniciativas impulsadas por el oficialismo aparecen demoradas o congeladas ante el temor de abrir nuevos frentes de conflicto.

La contradicción resulta difícil de disimular: el Gobierno que llegó prometiendo una transformación radical y denunciando a la política tradicional empieza a necesitar precisamente aquello que durante meses despreció: negociación, acuerdos y construcción territorial.

La política que Milei pretendía dejar atrás, finalmente, parece haber regresado al centro de la escena. Y esta vez no como adversaria, sino como condición para que el Gobierno pueda sostenerse.

El dato que queda planteado es incómodo para la Casa Rosada: si los gobernadores ya no necesitan obedecer, si los aliados empiezan a cobrar más caro sus votos y si las propias fuerzas oficialistas discuten candidaturas alternativas, entonces el problema ya no es solamente cómo gobierna Milei, sino cuánto poder conserva realmente para seguir imponiendo su agenda.

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