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Radiografía de Austria: el rival alpino que juega con el peso de la historia y el rigor alemán

Analizamos a fondo las entrañas de uno de los rivales que asoma en el horizonte de la Selección Argentina. Mucho más que once camisetas: un viaje al corazón de una potencia centroeuropea que combina opulencia económica, orden social y una mística futbolística que plantó las raíces de la modernidad táctica.

(Por Fernando Czyz para Doble Amarilla).- Cada equipo representa a un país y cada país tiene sus cicatrices, sus huellas, su idiosincrasia, sus heridas y sus orgullos. La Selección de Austria será, en el plano teórico, el rival más complejo de la “Albiceleste” en fase de grupos y su historia tiene condimentos que la hacen absolutamente distintiva.

El fútbol contemporáneo suele encandilarse con los flashes del presente, pero la verdadera aristocracia de este deporte se moldeó mucho antes de la televisión color. Hablar del seleccionado austriaco es evocar un árbol genealógico que, aunque hoy goce de un andar más austero, plantó las raíces de la modernidad táctica. Es la historia de una escuela lírica que desafió imperios, que rozó la gloria eterna y que parió al primer rebelde de la historia del fútbol mundial.

En Europa Central emerge Austria, un rival que históricamente ha sabido complicar con su rigor, pero que fuera de la cancha —y en los libros de oro del fútbol— esconde una realidad fascinante. Para entender a qué nos enfrentamos, hace falta trazar una radiografía completa de su idiosincrasia a través de sus ejes clave.

Para entender la era dorada del fútbol austríaco hay que mudarse mentalmente a la Viena de los años 20 y 30. Allí, las discusiones sobre pizarras no nacían en los vestuarios, sino en los tradicionales cafés vieneses. En esas mesas de mármol, rodeado de intelectuales, el emblemático entrenador Hugo Meisl —junto a la influencia teórica del inglés Jimmy Hogan— diseñó una fisonomía de juego revolucionaria basada en el pase corto, la triangulación y la movilidad constante. El sistema se conoció como el “Torbellino Danubiano”.

Aquel equipo fue bautizado como el “Wunderteam” (el Equipo Maravilla). Entre abril de 1931 y diciembre de 1932, Austria firmó un invicto de 14 partidos que conmovió a Europa. No solo ganaban, demolían: le apliacaron un 5-0 y un 6-0 a Alemania, un 6-0 a Suiza y un inolvidable 8-2 a Hungría. Su único título oficial fue la Copa Internacional de Europa Central de 1932 (la prestigiosa antesala de la Eurocopa), pero su fútbol de salón sentó las bases de lo que décadas más tarde el mundo conocería como el Fútbol Total de los Países Bajos.

Todo director de orquesta necesita su solista, y el de Meisl era un flaco escurridizo, de físico frágil pero mente de ajedrecista: Matthias Sindelar. Apodado “Der Papierene” (El Hombre de Papel) por su silueta ligera, Sindelar juega de centrodelantero, pero no para chocar con los rústicos defensores de la época, sino para tirarse atrás, arrastrar marcas y asistir. Fue, en esencia, el inventor del “falso nueve”. Sin embargo, el mito de Sindelar trascendió la pelota para convertirse en un símbolo de resistencia política. En marzo de 1938, la Alemania nazi se anexó a Austria. El “Wunderteam”, clasificado para el Mundial de Francia de ese año, fue disuelto por decreto para fusionar a sus futbolistas con la selección del Tercer Reich.

Para celebrar la anexión, las autoridades nazis organizaron el Anschlussspiel (el partido de la integración) en el Praterstadion de Viena entre Austria y Alemania. La orden política indicaba que el encuentro debía terminar en un empate sin goles. Sindelar, capitán austríaco, se negó a vestir los colores impuestos y exigió jugar con la camiseta tradicional roja, blanca y roja. Durante el primer tiempo, el “Hombre de Papel” se dedicó a errar goles insólitos abajo del arco, una burla sutil pero evidente hacia las tribunas colmadas de oficiales del régimen. En el complemento, Sindelar rompió el pacto: clavó el 1-0 y fue a gritar el gol con una danza extravagante directo en la cara del palco donde se ubicaban los jerarcas nazis. El partido terminó 2-0.

Sindelar jamás aceptó los llamados para jugar el Mundial con la camiseta de la Alemania nazi, argumentando supuestas lesiones o vejez. El 23 de enero de 1939, a los 35 años, fue hallado sin vida en su departamento de Viena junto a su pareja, Camilla Castagnola. La causa oficial dictaminó inhalación de monóxido de carbono por una estufa defectuosa, pero la sombra de un asesinato de la Gestapo o de un suicidio digno transformó su funeral en una manifestación encubierta de más de 15.000 vieneses que despidieron a su héroe.

El andar en los Mundiales y las Eurocopas: la gloria esquiva

El destino de Austria en las Copas del Mundo quedó marcado por la fatalidad y la geopolítica, mostrando a lo largo de la historia una trayectoria de luces y sombras:

  • Mundial Italia 1934: Llegaron como los máximos favoritos del planeta. Tras dejar en el camino a Hungría, cayeron en semifinales 1-0 contra el local, la Italia de Benito Mussolini. Aquel encuentro quedó envuelto en la polémica por el arbitraje del sueco Ivan Eklind y un campo de juego embarrado que arruinó el juego vistoso del Wunderteam. Terminaron cuartos.
  • Mundial Francia 1938: Clasificados por derecho propio, el torneo no los vio competir debido a la citada anexión nazi. Su lugar quedó vacante.
  • Mundial Suiza 1954: Con otra generación brillante liderada por el eterno Ernst Happel, Austria logró su mejor actuación histórica en los Mundiales. Se quedaron con el tercer puesto tras vencer 3-1 a Uruguay, luego de protagonizar en cuartos de final el famoso “Partido de calor de Lausana”, donde vencieron a Suiza por un insólito 7-5 bajo una temperatura de 40°C.
  • El declive moderno y las Eurocopas: Desde aquella gesta del 54, las apariciones mundialistas fueron esporádicas, aunque con fuerte presencia entre 1978 y 1998 (asistió a cuatro de seis torneos). En cuanto a la Eurocopa, un torneo que históricamente les fue esquivo, experimentaron un renacer en el siglo XXI: organizaron la edición de 2008 y lograron meterse en los octavos de final en las ediciones de 2020 y 2024, comandados por una camada de futbolistas modernos adaptados a la intensidad de la Bundesliga alemana.

La radiografía de Austria más allá de la cancha

Geográficamente, Austria es un país mediterráneo —sin salida al mar— cuyo territorio está dominado en más de un 60% por la imponente cordillera de los Alpes. Este relieve define su fisonomía visual y el carácter de sus deportistas: acostumbrados a la montaña y al invierno hostil. La vida fluye y se conecta gracias a la cuenca del río Danubio, la gran autopista fluvial que históricamente los unió con el resto del continente. Su posición los convierte en el puente natural entre la Europa Occidental y la Oriental; una aduana cultural por la que pasó toda la historia europea.

Austria es una república democrática federal y parlamentaria. El poder real de gestión está en manos del Canciller Federal (el jefe de Gobierno), mientras que el Presidente cumple un rol más protocolar. El país se organiza en nueve estados federados, cada uno con leyes propias. Miembros de la Unión Europea desde 1995, sus debates políticos suelen buscar siempre el consenso.

Históricamente, la camiseta austríaca arrastra el linaje de los Habsburgo, la dinastía real que gobernó el gigantesco Imperio Austrohúngaro, disuelto tras la Primera Mundial en 1918. Tras el horror de la ocupación nazi, el país recuperó su soberanía en 1955 firmando un compromiso que es ley: la neutralidad perpetua. En la geopolítica no se la juegan por nadie, aunque en la cancha salgan a morder cada pelota.

Demografía y el laboratorio del bienestar social

Austria es uno de los países con el PBI per cápita más altos del planeta. Su economía social de mercado es un reloj suizo: líderes en industria de alta tecnología, potencia en energías renovables gracias al aprovechamiento hidroeléctrico de sus ríos de montaña, y un imán para el turismo de elite que gasta fortunas en los centros de esquí alpino.

Esa opulencia se traduce en un modelo social envidiable basado en el Sozialpartnerschaft (asociación social), un sistema de consenso entre sindicatos y empresarios que minimiza los conflictos laborales al punto de que prácticamente no existen las huelgas. El Estado de bienestar ofrece salud pública de primer nivel y educación gratuita de excelencia. Esa falta de urgencia económica a veces se traslada a la cancha: les sobra orden y estructura, pero a veces les falta la “picardía” del que juega para salvarse.

Con una población demográfica que ronda los 9.000.000 de habitantes, Austria tiene una distribución muy particular: casi el 20% vive en su capital, Viena. Al igual que el resto de Europa Occidental, enfrenta el desafío de un marcado envejecimiento demográfico. La única razón por la que el país no se achica es por su fuerte flujo de inmigración proveniente de Europa del Este, los Balcanes y Alemania. Esos acentos nutren hoy las calles de sus ciudades y, por supuesto, las divisiones inferiores de sus clubes de fútbol, aportándole al biotipo austríaco una diversidad física, técnica y multicultural que antes no tenía.

El Olimpo de los nombres propios

El rival de la Selección tiene un patrimonio cultural innegable: es la tierra que acunó a Wolfgang Amadeus Mozart, Beethoven y Strauss; la cuna de la arquitectura barroca imperial y de los tradicionales Kaffeehäuser (cafés). Pero esa sofisticación también parió apellidos de un enorme calibre al folclore futbolístico internacional:

  • Josef “Pepi” Bican: Integrante del Wunderteam que luego adoptó la nacionalidad checoslovaca. Los registros históricos lo ubican como uno de los máximos goleadores de todos los tiempos en el fútbol profesional.
  • Ernst Happel: Un líbero exquisito en los 50 que luego se transformó en uno de los entrenadores más influyentes de la historia del fútbol europeo. Ganó la Copa de Europa con el Feyenoord y el Hamburgo, y dirigió a la mítica selección de Holanda en el Mundial 1978. El estadio nacional de Viena hoy lleva su nombre.
  • Hans Krankl: El implacable goleador de finales de los 70 y los 80. Bota de Oro europea en 1978 y figura estelar del Barcelona de España, Krankl fue el abanderado de la mítica victoria 3-2 sobre Alemania Federal en el Mundial de Argentina 78 (el “Milagro de Córdoba”).
  • David Alaba: El referente absoluto de la era moderna. Un futbolista polifuncional de jerarquía mundial que levantó múltiples Champions League con el Bayern Múnich y el Real Madrid, portando la cinta de capitán del seleccionado para devolver a Austria al mapa competitivo continental.

El presente de la Selección de Austria de cara al Mundial 2026

Con su presencia en Norteamérica 2026, Das Team volvió a una Copa del Mundo tras su última aparición en Francia 1998. Bajo la dirección técnica del alemán Ralf Rangnick, el conjunto europeo dominó con autoridad el Grupo H de las Eliminatorias de la UEFA, sumando 19 puntos gracias a una sólida campaña de seis victorias, un empate y apenas una derrota. La propuesta de presión asfixiante y transiciones verticales inyectada por el DT transformó a este plantel en una verdadera máquina colectiva, registrando 22 goles a favor y recibiendo solo 4 en contra.

La columna vertebral de esta hazaña combinó la jerarquía de elite con un despliegue físico envidiable. El eterno capitán David Alaba lideró desde el fondo y el vestuario, respaldado por la dinámica de Marcel Sabitzer y Konrad Laimer en el eje del mediocampo, junto al desequilibrio de Christoph Baumgartner. En la red, la jerarquía y el olfato del veterano Marko Arnautović fueron letales: el delantero anotó 8 goles en igual cantidad de partidos, consagrándose como el máximo artillero de una campaña implacable.

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