Nuevos casos de abigeato y robos reiterados en Colonia Ovejero reavivan el reclamo por mayor presencia policial en la zona suburbana y rural, donde vecinos denuncian abandono y respuestas que nunca llegan.
La zona suburbana y rural de Catriel vuelve a quedar en evidencia: la inseguridad crece, se repite y golpea siempre a los mismos, mientras las respuestas oficiales siguen sin aparecer o resultan claramente insuficientes. El problema, lejos de ser complejo, parece estructural: falta de personal, escasez de recursos policiales y una priorización inevitable de la zona urbana que deja a los sectores más alejados prácticamente desprotegidos.
Los hechos hablan por sí solos. En los últimos meses, los casos de abigeato se multiplicaron, afectando directamente a familias que dependen de su producción para subsistir. El episodio más resonante fue la faena de un equino perteneciente a la Organización Kawell Anay. A pesar de que sus integrantes “movieron cielo y tierra” tras la desaparición del animal, el desenlace fue el peor: el caballo había sido faenado y se logró identificar a los autores, en una causa que aún sigue su curso en la Justicia.
Sin embargo, lejos de tratarse de un caso aislado, la problemática continúa escalando. En Colonia Ovejero, una familia denunció públicamente una seguidilla de robos que evidencia no solo impunidad, sino también reiteración. Según relataron en redes sociales, dos delincuentes ingresaron el miércoles 25 a una chacra para robar ovejas y este domingo volvieron a intentarlo. Esta vez, no lograron concretar el delito porque fueron sorprendidos en pleno accionar.
“Estos dos malandras ingresaron a robar ovejas el día miércoles 25 y hoy ingresaron de nuevo en chacra de Gamboa, en la cual no pudieron llevarse nada. Quien tenga información de sus identidades, me escribe al privado. Hay recompensa”, publicó una integrante de la familia damnificada, en un mensaje que refleja tanto la indignación como la sensación de desamparo.
El último hecho ocurrió cerca de las 22 horas del domingo, cuando los delincuentes regresaron e intentaron incluso destruir una cámara de seguridad para evitar ser identificados. La reacción vecinal fue inmediata: Colonia Ovejero se mantuvo en alerta durante toda la noche, coordinando movimientos y compartiendo información a través de grupos de WhatsApp, mientras la policía desplegaba un operativo en la zona.
El cuadro es preocupante y deja al descubierto una realidad incómoda: los vecinos se organizan como pueden ante la ausencia de un sistema de seguridad efectivo. A pesar de los intentos del municipio, instituciones y la propia comunidad por diseñar estrategias para frenar los ilícitos, los resultados siguen sin aparecer.
La pregunta, entonces, ya no es nueva pero sí cada vez más urgente: ¿cuánto más debe agravarse la situación para que la seguridad rural deje de ser una promesa pendiente y se convierta en una política real y efectiva? Mientras tanto, en Catriel profundo, el delito no espera. Y avanza.










