Lejos de los gestos protocolares, la comunidad y las intendencias de Catriel y 25 de Mayo se plantaron en el Acceso Sur para denunciar que la inacción oficial sigue convirtiendo a la RN 151 en una trampa mortal. El reclamo es claro: la nueva traza debe estar en el Presupuesto Nacional 2026. La paciencia social tiene límites.
Pasó un año del infierno. Ayer, el Acceso Sur de Catriel no fue escenario de una mera ceremonia protocolar, sino de un grito ahogado que por fin estalla en una demanda ineludible. Bajo la forma de un “Abrazo Simbólico”, la comunidad no solo lloró a sus muertos, sino que señaló con el dedo a los responsables de la inacción. Porque recordar también es comprometerse con el presente, y en este caso, significa negarse a naturalizar la muerte.
La intendenta Daniela Salzotto, junto al presidente del Concejo Deliberante, Nelson Díaz, concejales y todo el equipo de gestión municipal, encabezó una movilización que trascendió las fronteras locales. No estuvieron solos: el intendente de 25 de Mayo, Leonel Monsalve, su presidente del Concejo y su equipo de gobierno cruzaron los límites comunales para sumarse a la trinchera. Porque el deterioro de la Ruta Nacional 151 no distingue jurisdicciones, solo cosecha víctimas.
Hubo placa conmemorativa y ofrenda floral, por supuesto. Pero el verdadero homenaje no se hace con pétalos, sino con asfalto, ingeniería y seguridad. Durante la jornada se desplegó un operativo de prevención vial donde se entregó material informativo. Esos folletos no son simples papeles; son actas de denuncia contra un Estado ausente, concientizando sobre la urgencia de una nueva traza que ya no puede esperar.
La Ruta 151, ese corredor estratégico que debería ser el orgulloso motor productivo y de integración regional, se ha transformado en un factor de riesgo permanente. Baches, deformaciones y un deterioro obsceno configuran un escenario dantesco que multiplica la probabilidad de siniestros y expone a miles de usuarios a la lotería de la fatalidad cada vez que toman el volante.
La movilización, que se repite cada mes por ordenanza del Concejo Deliberante de Catriel, adoptó ayer la forma de un abrazo, pero su trasfondo es de una dureza inquebrantable. No fue un gesto aislado: fue la sostenida de una demanda que ya no admite dilaciones.
El mensaje que retumbó este 26 de julio en la Torre del Acceso Sur es contundente y no admite traducciones burocráticas: la nueva traza de la Ruta 151 no es un capricho político ni una obra más para engrosar una planilla presupuestaria. Es una inversión en seguridad vial, en trabajo y, fundamentalmente, en dignidad humana.
Catriel y la región le dicen al Gobierno Nacional que la inclusión de esta obra en el Presupuesto Nacional 2026 no puede seguir postergándose ni un día más. La paciencia social ha tocado su techo. Las promesas se las llevó el viento de la indiferencia oficial. La memoria de quienes ya no están, y el terror de quienes sobreviven a diario en esa ruta, exigen algo más que discursos: exigen decisiones inmediatas. Porque seguir postergando esta obra no es solo un error administrativo; es una inaceptable complicidad con la muerte.









