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El FMI desnuda la fragilidad del relato oficial: Georgieva advierte que el ajuste no tiene consenso y sugiere devaluar para salvar 2027

Lejos de los flashes con Caputo y el paseo coreografiado por Vaca Muerta, la titular del organismo mostró en privado su preocupación por la economía real, las pymes y los salarios. El mensaje de fondo es una dura sentencia al plan de Milei: sin acuerdo social, la receta tiene fecha de vencimiento.

El gobierno nacional intenta vender la idea de un plan económico blindado, infalible y en “V” hacia el éxito. Sin embargo, el reciente paso de la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, por Buenos Aires dejó al descubierto una realidad muy distinta. Más allá de los saludos protocolares y las conferencias de prensa conjuntas con Sergio Caputo, el mensaje subliminal —y a veces no tanto— de la jefa del organismo es una crítica demoledora a la ortodoxia de Milei: el ajuste no tiene consenso social, la recuperación no derrama y la única salida para esquivar el muro de 2027 requiere flexibilidad en la inflación y un dólar más alto.

La principal preocupación que Georgieva se llevó de su visita es que la consolidación fiscal a cualquier costo que impone el Ejecutivo carece de la institucionalidad y el respaldo político necesario para sostenerse en el tiempo. Para los técnicos del Fondo, un plan económico que no es política de Estado está condenado al fracaso, y las señales de que el ajuste no tiene consenso para continuar más allá de 2027 encienden todas las alarmas en Washington.

El dardo a los CEOs y la herejía de la devaluación

El quiebre entre el discurso oficial y la visión del FMI se hizo evidente el lunes por la noche. Durante una cena privada con diez de los empresarios más poderosos del país, Georgieva soltó una bomba que contradice la narrativa de la “estabilidad cambiaria” que pregona el equipo económico: sugirió que el tipo de cambio debe estar más alto. El objetivo es que el Banco Central pueda acumular reservas y hacer frente a los gigantescos vencimientos de deuda de 2027.

Cuando los empresarios le advirtieron que una devaluación provocaría un salto inflacionario inmanejable, la respuesta de la titular del FMI fue un directo a la mandíbula de la rigidez de Milei y Caputo. Georgieva opinó que el gobierno debería ser “más flexible” y estar dispuesto a tolerar un poco más de inflación por un tiempo, siempre y cuando eso garantice una mejora en la actividad económica. En criollo: el FMI le está diciendo al gobierno que su obsesión con el cero déficit y la baja inflacionaria a costa de la recesión está asfixiando al país, y que hay que aflojar la soga antes de que se corte.

La economía real y el mito del derrame

Mientras el gobierno se escuda en los macros de Vaca Muerta, Georgieva mostró una clara preocupación por la “economía real”, esa que las encuestas muestran que está carcomiendo el ya de por sí erosionado respaldo social a la gestión. En su conferencia con Caputo, la búlgara puso el foco donde más duele: las pymes. El mensaje fue claro: la supuesta recuperación de ciertos sectores de la economía no logra derramarse sobre el conjunto del aparato productivo. El mito del “goteo” cayó por su propio peso frente a la principal acreedora del país.

Esta desconexión del gobierno con el sufrimiento cotidiano quedó retratada en una anécdota reveladora. La bailarina Mora Godoy, quien brindó un show de tango para la titular del FMI, contó en entrevistas que Georgieva quiso escuchar su voz sobre la crisis. “Le dije que hay una parte de la sociedad hoy que necesita atención inmediata, no a largo plazo”, relató Godoy, quien además agradeció a la funcionaria por haber mencionado la necesidad de mejorar los salarios. “Realmente no es solamente la inflación, sino que también tenemos que mejorar los salarios”, sostuvo la artista, destacando la actitud comprensiva de Georgieva ante la problemática del acceso al crédito y la pérdida del poder adquisitivo.

Las reuniones en las sombras

El gobierno intentó mostrar un país de fantasía, pero Georgieva no se quedó solo con lo que le ofrecieron en la reunión de gabinete ni con el paseo turístico por los pozos de Vaca Muerta. Según trascendió, la titular del FMI mantuvo diálogos privados con economistas argentinos de diversos signos que no se dieron a conocer públicamente. El objetivo de la búlgara era claro: irse del país con un panorama completo, crudo y real, alejado de los brochazos oficialistas.

El mensaje subliminal de Georgieva es una sentencia para el oficialismo. El FMI respalda la meta de déficit, pero le está avisando al gobierno en los pasillos que su plan es un castillo de naipes sin consenso político ni social. Si Milei no entiende que la economía real no aguanta más castigo, que las pymes están en la UTI y que los salarios necesitan una recomposición urgente, el muro de 2027 no vendrá a buscarlo: se lo llevará puesto.

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