La muestra-museo impulsada por Marta Pérez vuelve a realizarse en el campo donde comenzó la historia de su familia. Habrá recorrido por objetos históricos, bingo gratuito, sorteos por el Día del Padre, chocolate, tortas fritas y el cálido encuentro de vecinos que comparten la memoria de Catriel.
Hay lugares donde el tiempo parece haberse detenido para contar historias. Uno de ellos es el campo de la familia Pérez-Rodríguez, ubicado sobre la Ruta Nacional 151, donde este domingo volverá a abrir sus puertas la muestra-museo “Huellas Pioneras”, una propuesta que nació del amor por la historia local y que con los años se transformó en un punto de encuentro para quienes valoran las raíces de Catriel.
La iniciativa es impulsada por Marta Pérez, una vecina profundamente comprometida con la preservación de la memoria colectiva, quien dialogó con Ramón Sebastián Villablanca en el programa De Ida y Vuelta de FM Laser Catriel para invitar a la comunidad a participar de una nueva edición de esta actividad que ya se ha convertido en una tradición.
Todo comenzó durante los festejos por los 100 años de Catriel, cuando Marta organizó por primera vez una muestra de fotografías, herramientas y objetos antiguos pertenecientes a su familia y a otras familias pioneras. Con el tiempo, la exposición fue creciendo, aunque también aumentaron las dificultades logísticas.
“Era muy complicado porque teníamos que acarrear montones de cosas del campo, llevarlas, traerlas, y generalmente la muestra duraba un solo día”, recordó.
Por esa razón, el año pasado decidió junto a su esposo Carlos trasladar definitivamente la propuesta al lugar donde nacieron muchas de esas historias: el propio campo familiar.
La experiencia superó las expectativas.
“La verdad que fue lindo porque fue bastante gente. Algunos ya nos conocían y otros no. Además pudieron ver muchas más cosas porque hay objetos muy pesados que antes no podíamos trasladar”, explicó.
Pero quizás uno de los aspectos más emotivos de la experiencia fue la respuesta de los visitantes. Muchas personas comenzaron a acercar objetos heredados de sus propias familias para incorporarlos a la muestra.
“Nos llevaron algún objeto perteneciente a su familia. Nosotros tratamos de ponerles un papelito con el nombre de la familia que nos regaló su tesoro porque para nosotros las reliquias de nuestros ancestros son tesoros. A lo mejor económicamente no tienen mucho valor, pero sentimental sí”, señaló Marta.
Cada pieza exhibida guarda una historia. Herramientas de trabajo, fotografías, utensilios domésticos y elementos cotidianos de otras épocas conforman un recorrido que permite asomarse a la vida de quienes construyeron los primeros capítulos de la comunidad catrielense.
La jornada comenzará de manera espontánea desde el mediodía, cuando algunos visitantes ya tienen previsto acercarse para compartir el almuerzo a la canasta. Aunque inicialmente los organizadores habían descartado la idea de preparar asado por cuestiones económicas y organizativas, finalmente habrá algunas comidas para compartir.
“Vamos a poner unos chorizos, un chivo, y uno de mis tíos también se ofreció a llevar un poquito de asado”, contó.
Sin embargo, Marta aclaró que el verdadero espíritu del encuentro va mucho más allá de la comida.
“Más allá de compartir la comida, es otra cosa la que nos une. Nos gusta que estemos juntitos, con la familia, con los amigos y con todos los que nos conocen”.
La actividad central comenzará a las 14 horas, momento en que los visitantes podrán recorrer la muestra con tranquilidad, observar los objetos históricos y conversar sobre las historias que guardan.
Luego llegará uno de los momentos más esperados: el bingo comunitario.
Lejos de los grandes premios materiales, la propuesta apunta a generar un espacio de encuentro y diversión.
“Los premios no son grandes premios, pero hay cosas bonitas”, adelantó Marta.
Además, se realizarán sorteos especiales por el Día del Padre y posteriormente se compartirá un chocolate caliente acompañado de numerosas delicias caseras.
“Van a ver muchas cositas. Siempre tengo la suerte de tener una familia buenísima atrás mío. Mi marido, mis hermanos, mi suegra, mis primas que van a llevar pastelitos, la tía Tita que siempre colabora con la leche o con lo que haga falta. Toda la familia ayuda”, destacó con orgullo.
Y hay un detalle que suele sorprender a quienes asisten por primera vez: todo es completamente gratuito.
“No, no, no. Es todo gratis. Es una forma de agradecimiento a todos los que nos han colaborado”, remarcó.
Para quienes deseen acercarse, el acceso es sencillo. Desde Catriel se debe tomar la Ruta Nacional 151 en dirección a Neuquén hasta el kilómetro 108. Allí, sobre la mano izquierda, se encuentra una tranquera blanca identificada con un cartel que dice “Huellas Pioneras”. Desde ese punto restan aproximadamente dos kilómetros de camino interno.
Según explicó Marta, el recorrido está señalizado y, aunque las recientes lluvias dejaron algunos sectores con barro, el acceso sigue siendo transitable.
“Más que nada se ensucian un poquito los autos, pero nadie se queda empantanado”, aseguró entre risas.
La única recomendación es abrir y volver a cerrar la tranquera al ingresar para evitar que algún animal pueda salir.
Mientras la muestra sigue creciendo gracias a las donaciones y aportes de vecinos, Marta mantiene un deseo pendiente: conseguir en algún momento un medio de transporte que permita acercar a personas mayores que quieren visitar el lugar y no cuentan con movilidad propia.
“Hay mucha gente que quiere ir y no tiene auto. Más que nada gente grande, gente que se crió por acá y que le encantaría ir”, comentó.
Mientras tanto, este domingo las puertas volverán a abrirse para quienes quieran recorrer el pasado, compartir recuerdos y descubrir que la historia de una comunidad también puede contarse a través de una vieja fotografía, una herramienta olvidada o una charla alrededor de un chocolate caliente.
Porque en Huellas Pioneras no sólo se exhiben objetos: se conservan memorias. Y cada visitante se lleva consigo un pedacito de la historia de Catriel.









