En plena ola de cierres, despidos y caída brutal de la actividad, el ministro de Economía calificó de “robo” a la indumentaria producida en el país, acusó a los empresarios de vivir de privilegios y admitió que siempre eligió vestirse en el exterior. Sus declaraciones chocan de frente con una industria en crisis y un récord histórico de importaciones vía comercio electrónico.
En medio del colapso del sector textil argentino, Luis “Toto” Caputo decidió sincerarse sin filtros: dijo que nunca compró ropa en el país porque “es un robo”, defendió la apertura indiscriminada de importaciones y calificó de “zonza” la protección estatal que durante décadas sostuvo a la industria. Lo hizo mientras fábricas cierran, se multiplican los despidos y las importaciones de prendas extranjeras baten récords históricos.
“Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque es un robo”, lanzó el ministro de Economía en declaraciones a Radio Mitre, ante la inquietud de un oyente por el futuro del sector. Sin matices, Caputo reforzó su postura: “Los que teníamos posibilidades de viajar o algo… comprábamos afuera”.
Para el titular del Palacio de Hacienda, el textil es “un caso emblemático” de lo que considera una distorsión histórica. “Con el cuento de que hay 150 mil familias que trabajan en esto, hubo 47 millones de argentinos que durante 40 años pagaron textil y calzado dos, tres, cuatro y hasta diez veces lo que vale en el mundo”, sostuvo. Y remató: “Eso es una medida zonza”.
Caputo incluso trazó una línea divisoria entre trabajadores y empresarios, aunque sin mostrar demasiada empatía por el destino de ninguno. Admitió que los empleados no se enriquecieron, pero apuntó directamente contra los dueños de las compañías. “Los que se beneficiaron eran los dueños. Los conozco a la mayoría, excelente gente, los quiero mucho, y el que no viaja en primera no es porque viaja en económica, es porque tiene avión privado”, disparó.
Las declaraciones del ministro contrastan con un panorama cada vez más oscuro para la industria. El mismo día de su intervención radial, el Financial Times publicó que en 2025 los argentinos compraron tres veces más bienes en plataformas internacionales que en 2024, alcanzando un récord de US$955 millones. Según datos oficiales, el 63% de los paquetes procesados por la Aduana correspondieron a textiles, mayoritariamente de marcas como Shein y Temu.
En paralelo, se acelera la sangría de empresas y empleos. La brasileña Dass, fabricante de calzado para Adidas y Nike, despidió a 43 trabajadores en El Dorado, Misiones, tras haber echado a otros 700 en Coronel Suárez. A ese cuadro se suman cierres de locales y emprendimientos de figuras conocidas del rubro.
La actriz y vedette Marixa Balli admitió que 2025 fue “el peor año” y anunció el cierre de su local. “No va la gente, no te compra y eso te agota. Desde 2005 hasta ahora no me había pasado”, dijo. Incluso el diseñador Benito Fernández, reconocido votante de Javier Milei, confesó que la crisis arrasó con su línea de prêt-à-porter. “Por tercera vez en mi país me fundí: en 2001, en 2020 y en 2025”, reconoció.
Mientras la industria textil enfrenta una combinación letal de apertura importadora, caída del consumo y cierres masivos, el ministro de Economía no solo relativiza el impacto social del derrumbe, sino que se coloca simbólicamente del otro lado del mostrador: el de quienes siempre pudieron comprar afuera y ahora gobiernan un país donde, para miles de trabajadores, ya no queda ni adentro.










