La actividad económica apenas creció un 0,1% en agosto respecto de julio, luego del derrumbe del 2,9% registrado el mes anterior. En la comparación interanual, cayó un 1,7%. Mientras la minería y los hidrocarburos muestran números positivos, la industria, el comercio, la construcción y el agro siguen en retroceso. Los datos del Indec exponen las dificultades de una recuperación que el programa económico del Gobierno nacional todavía no consigue poner en marcha.
La economía argentina continúa mostrando señales de estancamiento bajo el programa económico del presidente Javier Milei. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), registró en agosto una mejora de apenas el 0,1% respecto de julio, un resultado insuficiente para compensar el desplome del 2,9% sufrido durante el mes anterior. En términos interanuales, la actividad cayó un 1,7%, confirmando la debilidad del aparato productivo.
Los datos, publicados por el diario Tiempo Argentino en una nota firmada por Randy Stagnaro, contrastan con las expectativas de un rebote económico que alentaban sectores del Gobierno nacional. La recuperación esperada no solo quedó lejos de las proyecciones más optimistas, sino que volvió a poner en evidencia las dificultades de un modelo que no logra traducir sus objetivos macroeconómicos en una mejora generalizada de la actividad.
La cuestión central no es únicamente la magnitud de la caída, sino la incapacidad de la economía para reaccionar después de un retroceso tan pronunciado. Una variación mensual prácticamente nula deja poco margen para sostener que el país haya ingresado en una etapa de recuperación firme.
Una recesión cada vez más difícil de esquivar
Las previsiones privadas ya anticipaban un escenario desfavorable. Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), publicado por el Banco Central, los analistas consultados proyectaban una contracción de la actividad económica.
Las estimaciones individuales ofrecían algunas diferencias, aunque ninguna permitía anticipar un cambio estructural. Orlando J. Ferreres y Asociados había calculado un crecimiento mensual del 1,7%; Analytica, del 0,7%; y LCG, del 0,6%.
Sin embargo, el resultado oficial quedó muy por debajo de esas previsiones. Incluso Ferreres y Asociados había advertido que la mejora esperada debía interpretarse en relación con la caída del mes anterior y no como una señal de que pudieran repetirse aumentos similares en los meses siguientes.
El panorama resulta todavía más preocupante al considerar la evolución trimestral. Durante el segundo trimestre, la economía se contrajo un 0,6% respecto del primero. Para evitar que el tercer trimestre también cerrara con una caída, septiembre tendría que registrar una expansión mensual extraordinaria.
La consultora LCG calculó que sería necesario un crecimiento del 8,5% en septiembre para que el tercer trimestre terminara con variación cero, una posibilidad que calificó de directamente imposible.
De confirmarse la contracción durante dos trimestres consecutivos, la economía cumpliría el criterio habitual de recesión técnica. El desempeño de agosto, lejos de ofrecer señales de salida, refuerza las dudas sobre la capacidad del programa económico para revertir la tendencia.
Los ganadores del modelo y una mayoría de sectores en retroceso
El informe del Indec muestra una economía que avanza de manera profundamente desigual. En agosto, solamente cinco sectores registraron aumentos interanuales, mientras que los once restantes —incluido el rubro de impuestos netos de subsidios— presentaron resultados negativos.
Entre las actividades que crecieron se destacaron:
- Explotación de minas y canteras: 11,1%.
- Electricidad, gas y agua: 4,3%.
- Hoteles y restaurantes: 3,1%.
- Servicios sociales y de salud: 0,6%.
- Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler: 0,4%.
El crecimiento de la explotación de minas y canteras responde, entre otras actividades, al desempeño de los sectores petrolero, gasífero y minero, que se encuentran entre los más dinámicos durante la gestión de Milei. Se trata de actividades estratégicas para la generación de divisas y las exportaciones, pero cuyos resultados positivos no alcanzan, por sí solos, para compensar el retroceso de amplios segmentos de la economía.
También creció el rubro de electricidad, gas y agua. En este caso, el aumento debe analizarse teniendo en cuenta el efecto de los incrementos tarifarios sobre los precios de los servicios públicos. Una mayor facturación o actividad nominal vinculada a estos servicios no equivale necesariamente a una mejora del bienestar de los hogares, especialmente cuando las tarifas presionan sobre ingresos que no siempre acompañan esos aumentos.
La fotografía general deja así una pregunta incómoda para el Gobierno: ¿de qué sirve exhibir sectores con un fuerte crecimiento si buena parte del entramado productivo continúa perdiendo actividad?
Industria, comercio y construcción, entre los más golpeados
El retroceso de los sectores vinculados con la producción y el mercado interno constituye uno de los datos más significativos del informe.
La industria manufacturera cayó un 3,2% interanual, mientras que el comercio mayorista, minorista y las reparaciones retrocedieron un 3,5%. La construcción, por su parte, registró una baja del 2,5%, y el transporte y las comunicaciones descendieron un 2,9%.
La intermediación financiera también mostró un resultado negativo, con una contracción del 3,8%. La administración pública cayó un 1,6%, mientras que la actividad agropecuaria perdió dinamismo y retrocedió un 1% respecto de agosto del año anterior.
Estos números describen dificultades que atraviesan distintas partes del circuito económico: producir, vender, transportar, construir e invertir. Cuando la industria reduce su actividad, el comercio vende menos y la construcción retrocede, el impacto puede trasladarse al empleo, los ingresos familiares y las decisiones de inversión.
En ese contexto, el ajuste del gasto público y la pérdida de capacidad de compra de amplios sectores sociales aparecen como factores centrales para analizar la debilidad de la demanda interna. La apuesta oficial por el ordenamiento macroeconómico todavía no se traduce en una recuperación amplia y sostenida de la producción.
Una caída que también alcanza al consumo
Otro dato relevante aparece en el rubro de impuestos netos de subsidios, que cayó un 4,2% en agosto frente al mismo mes de 2025.
Este indicador tiene importancia porque su evolución ofrece una referencia indirecta sobre el movimiento de la economía formal, asociado, entre otros factores, al consumo y las importaciones. Su retroceso acompaña la señal que dejan el comercio y la industria: la actividad continúa debilitada.
A su vez, la pesca encabezó las caídas sectoriales, con un desplome interanual del 15,7%. El propio Indec ha señalado que esta actividad presenta una marcada estacionalidad y una elevada irregularidad, por lo que su comportamiento debe analizarse considerando esas particularidades.
Sin embargo, la contracción de la pesca no modifica el diagnóstico general. Las caídas simultáneas de la industria, el comercio, la construcción, el agro y los impuestos netos de subsidios muestran que las dificultades no se limitan a un único sector.
El costo de una recuperación que no llega
El balance de agosto expone una contradicción en el corazón del programa económico nacional: mientras el Gobierno reivindica el ordenamiento de las variables macroeconómicas, la actividad real sigue sin ofrecer señales consistentes de recuperación.
El crecimiento de la minería y los hidrocarburos puede representar una oportunidad para las exportaciones y el ingreso de divisas. Pero una economía no se recupera de manera equilibrada si esos sectores avanzan mientras la industria pierde producción, el comercio reduce su actividad y la construcción permanece en terreno negativo.
El problema no consiste en que determinados sectores crezcan, sino en que ese dinamismo no alcance para compensar el deterioro del resto de la estructura productiva. Sin una recuperación más extendida, los beneficios quedan concentrados y las consecuencias del ajuste recaen sobre una porción mucho más amplia de la sociedad.
El dato del Indec es contundente: después de una caída mensual del 2,9%, la economía apenas consiguió avanzar un 0,1%. No hubo un rebote significativo ni una señal clara de cambio de tendencia.
A la espera de los resultados definitivos del tercer trimestre, los indicadores de agosto dejan al Gobierno frente a una dificultad que sus proyecciones todavía no logran resolver: estabilizar la economía no es lo mismo que hacerla crecer. Y mientras la recuperación no llegue a la producción, el comercio, la construcción y el consumo, la promesa de una mejora general seguirá chocando con una realidad de actividad debilitada y sectores productivos en retroceso.
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