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Pataletas, nepotismo y militarización: El oscuro escándalo que convulsiona la Quinta de Olivos

Tras la filtración de un gasto millonario en carne y la paranoia por la intoxicación de su perro, Milei echó al personal civil histórico de la residencia para reemplazarlo por militares, mientras salpica el negocio familiar de su entorno más íntimo.

Lejos quedó aquel discurso de campaña que prometía “pasar la motosierra” sobre los privilegios de la casta y la corrupción. Hoy, la Quinta de Olivos se ha convertido en el reflejo exacto de lo que el gobierno de Javier Milei siempre denunció: un feudo donde el nepotismo, el despotismo y los negocios de familia campan por sus respeto, blindados ahora por la presencia de las Fuerzas Armadas.

Un nuevo y bochornoso escándalo sacude a la Casa Rosada. Según reveló el portal La Política Online (LPO), el Presidente ordenó la militarización de la residencia presidencial, despidiendo de manera fulminante a personal civil que llevaba décadas prestando servicios al Estado. El motivo, lejos de cualquier protocolo de seguridad, responde a una pataleta desmedida: la furia de Milei tras filtrarse que el gobierno gastó 500 millones de pesos en la compra de 29 toneladas de carne para su consumo y el de sus funcionarios, sumado a la paranoia por la intoxicación de uno de sus perros.

Delirio y militarización
La explicación oficial intenta vender un cambio en el esquema de seguridad, pero la realidad es mucho más oscura. Milei, enfurecido por la exposición del millonario gasto en carne en un país empobrecido, mandó a echar a casi todo el personal civil. “Se enojó por la filtración y mandó a echar a todos, sólo quedan el electricista y cuatro civiles más”, confesó una fuente gubernamental a LPO, describiendo un ambiente de terror laboral.

El golpe de gracia para la cordura presidencial fue la descompensación de uno de sus perros, que debió ser atendido en la guardia veterinaria que el propio mandatario hizo montar en la residencia. Las fuentes aseguran que el líder libertario, en un arrebato de paranoia, sospecha que el animal fue envenenado. Como resultado de este cóctel de furia y desconfianza, hasta el jardinero —que había sido designado como intendente de la residencia— fue echado.

Para cubrir los puestos, el Jefe de Estado recurrió a las Fuerzas Armadas. “El cocinero es un teniente”, deslizó con preocupación un referente del oficialismo, evidenciando la gravedad de transformar la residencia en un cuartel.

Los “okupas” de Olivos y el negocio familiar
Detrás de esta crisis institucional late el cáncer del nepotismo. La mano derecha de Karina Milei, la influencer Belén Agudiez —conocida en los pasillos como “la sombra del Jefe”—, ha sido el epicentro de la indignación presidencial. Agudiez no solo logró duplicar el presupuesto de la Secretaría General de Planificación a su cargo, sino que convirtió la residencia en un club privado.

Fuentes internas aseguran que los Agudiez “se movían como okupas en Olivos”, utilizando las instalaciones para fiestas de cumpleaños y asados familiares, copando el espacio y anulando la intimidad del propio Presidente. “Le llenaban de gente los domingos y con lo del perro estalló porque Karina puso a Agudiez pero Agudiez trajo al cuñado y le coparon la quinta”, graficaron desde el entorno.

Para sostener este entramado, Agudiez colocó a sus primos: Javier Sosa (el jardinero ahora despedido) y Agustín Expósito, un hombre sin antecedentes laborales registrados en Anses. A esta lista de beneficiarios se suman su hermana y su madre.

Licitaciones truvas y denuncias formales
El escándalo trascendió los muros de Olivos y llegó al Congreso. La diputada Marcela Pagano denunció formalmente que Karina Milei firmó una licitación de 700 millones de pesos para el mantenimiento y jardinería de la residencia, direccionada descaradamente para favorecer a Franco Castelli, quien mantendría una relación de parentesco con Agudiez.

Según el escrito de Pagano, se presentaron dos empresas: La Mantovana y Grub. Sin embargo, ambas pertenecen al mismo empresario, Castelli. Un dictamen de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia ya había alertado sobre esta pertenencia al mismo grupo económico desde septiembre de 2024. “No es una licitación, es un negocio de familia montado dentro de Olivos, firmado por la hermana del Presidente”, sentenció Pagano, sugiriendo que el trámite fue solo un blanqueo para regularizar un servicio que se prestaba en la más absoluta informalidad.

El maltrato a los trabajadores
El clima tóxico y el maltrato hacia los empleados no es nuevo en la cocina de Olivos. En los pasillos de la Casa Rosada se comenta la sucesión de renuncias de los cocineros, hartos de los caprichos del mandatario. El último renunció tras ver cómo Milei le rechazaba tres churrascos seguidos por no estar “suficientemente jugosos”.

“El tercero se lo sirvió casi crudo y el primero lo pidió a las 3 de la mañana porque lo hacía quedar hasta cualquier hora y pedía cualquier cosa”, relató un trabajador a LPO, exponiendo la megalomanía y la falta de empatía de un Presidente que exige tratos de realeza mientras destruye la fuente laboral de quienes le sirven los platos.

Hoy, la Quinta de Olivos es un fortín militarizado, custodiado por tenientes cocineros y rodeado de un negocio familiar millonario. La “nueva política” de Milei resultó ser, en la práctica, el mismo viejo y corrupto circo de siempre, pero con uniforme de campaña.

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