Sin obra social y tras ocho cirugías fallidas, una vecina lucha contra la burocracia y su propio cuerpo para evitar la amputación. Mientras el sistema le exige 1,4 millones de pesos por unos insumos que “no entran en el presupuesto”, la solidaridad de los vecinos suple las fallas estructurales en una carrera contrarreloj que terminará este viernes.
El destino, a veces, se esconde en los detalles más insignificantes. Hace 14 años, la vida de Ángela Reynoso no cambió por una catástrofe natural ni por un accidente de tránsito aparatoso, sino por el roce de una botamanga con un pedalín. Ese instante, casi banal, mientras iba a trabajar, detonó una cadena de sufrimiento que la tiene, hoy, a las puertas de una nueva y decisiva cirugía. Pero Ángela no está sola, aunque el Estado parezca haberse olvidado de ella.
En una entrevista conmovedora y cruda en el programa Ida y Vuelta, conducido por Ramón Sebastián Villablanca, por FM Laser Catriel Ángela no pidió lástima; pidió justicia. Y mientras la justicia tarda, la solidaridad de su pueblo corre para alcanzarla.
Un cuerpo que rechaza, un sistema que excluye
La historia clínica de Ángela parece el guion de una pesadilla médica. Tras aquel accidente que le molió la rodilla, tibia y peroné, comenzó un calvario de prótesis rechazadas. ¿La razón? Una alergia al metal que nadie detectó a tiempo. Ocho cirugías, ocho fracasos, y un cuerpo que reaccionaba con inflamación y dolor ante los implantes convencionales.
Pero el horror no fue solo ortopédico. Hace un tiempo, los médicos le dieron la sentencia que nadie quiere escuchar: “Hay que cortar”. Una bacteria resistente había colonizado su pierna, alimentada por un espaciador de plástico que se había convertido en su nido. El sistema de salud local levantó las manos: “No hay más antibióticos”, le dijeron.
Fue la desesperación, y no el protocolo, la que la llevó a buscar un turno particular. Fue la casualidad, y no la eficiencia, la que la puso en manos de una infectóloga de Neuquén que encontró la “tecla” exacta: el medicamento que salvó su pierna de la amputación.
El precio de la movilidad
Hoy, Ángela tiene una nueva oportunidad. Consiguió, tras un amparo judicial que demoró un mes y 27 días, una prótesis de titanio hipoalergénica. El Estado, tras muchas trabas, aprobó los 30 millones de pesos que cuesta el implante principal. Pero la burocracia tiene un límite cruel: “No se pueden pedir cuatro prótesis para una sola paciente”, le dijeron. Aunque en realidadz la protésis idealz cuesta 54 millones y por eso se descartó.
Entonces, apareció el costo oculto. Para que la pierna no quede corta ni larga, Ángela necesita dos espigas y un clavo. El sistema no los cubre. El costo: 1.400.000 pesos que ella debe pagar de su bolsillo antes de este martes 28.
La solidaridad como anestesia social
¿Cómo consigue esa suma una mujer que no tiene obra social y que trabaja una vez por semana en la Casa de Exposición, apoyada en su muleta, gracias a la sensibilidad de sus patronas (Adriana, Norma y Romina)?
La respuesta es la dignidad convertida en trabajo y la red afectiva de su barrio. Ángela no espera sentada. Hace tortas, atiende un kiosco en su casa y, sobre todo, organiza bingos. El domingo pasado, en el centro de jubilados prestado por Fanny y Mari Molina, se recaudaron 844.000 pesos. El resto, lo pondrán sus hijos.
“Siempre estoy haciendo tortas, juveniles… la gente siempre ha colaborado”, relata con una gratitud que contrasta con la indignación que debería provocar su historia.






Una interpelación necesaria
La historia de Ángela Reynoso nos interpela a todos. Nos pregunta por qué, en 2026, la salud sigue siendo un privilegio de quienes pueden pagar un amparo u organizar una rifa. Nos cuestiona por qué la intendencia debe suplir con órdenes de combustible los traslados a Cipolletti que el sistema de salud debería garantizar.
Ángela entrará a quirófano este viernes 31 de julio. Ojalá sea la última vez, porque el titanio hipoalergénico promete ser el final de su calvario físico. Pero mientras celebra que sus hijos completarán la cifra para pagarle al médico que viaja desde Cipolletti, nos queda el sabor amargo de saber que su “suerte” dependió de un bingo, de unas patronas de oro y de una infectóloga que supo escuchar, más que de un sistema de salud que la dejó al borde de perder su pierna por “falta de presupuesto”.
Ángela va a volver a caminar. Ojalá nosotros, como sociedad, empecemos a caminar hacia un sistema donde nadie tenga que pagar por derecho a estar entero.
AGRADECIMIENTOS
Ángela Reynoso agradeció profundamente la solidaridad de la comunidad de Catriel tras la exitosa colecta y bingo solidario realizados el día anterior para reunir fondos destinados a su operación. Entre la venta de cartones, el bingo y las transferencias recibidas, logró recaudar $844.751, a los que se sumó el aporte de sus hijos, Jorge y Facundo Loza, quienes completaron los $556.000 restantes para alcanzar el $1.400.000 necesario para adquirir la prótesis.
La mujer destacó la colaboración de vecinos, medios de comunicación, artistas y comerciantes, mencionando especialmente a Ramón Villablanca, Walter Ríos, Eduardo Maripili, Pedro Cara, Leo Silva, Fanny, Nancy Zambueza y a la intendenta Daniela Salzotto, entre otros, por el apoyo brindado. También agradeció al médico César Cremer, quien coordinó la compra y entrega de la prótesis.
Ángela informó que el jueves el material estará disponible en el hospital y que el viernes será internada para ser operada, poniendo fin a un padecimiento que lleva 14 años.
No obstante, explicó que tras la cirugía deberá realizar entre tres y cuatro meses de rehabilitación con sesiones diarias de kinesiología, para lo cual necesitará aproximadamente $230.000 mensuales destinados exclusivamente a traslados en remis. Por ese motivo anticipó que organizará nuevos bingos solidarios para afrontar esos gastos.
Finalmente, reiteró su agradecimiento a toda la comunidad de Catriel por el apoyo recibido y se comprometió a mantener informados a quienes colaboraron sobre el resultado de la cirugía y su recuperación, convencida de que es importante rendir cuentas a quienes hicieron posible que pudiera acceder al tratamiento.








