Entre el orgullo de su pasado y la fuerza de su presente, Catriel celebró un nuevo aniversario con una multitudinaria participación popular, obras para la comunidad y un profundo reconocimiento a quienes construyen día a día la identidad de la Capital Provincial del Petróleo.
Hay ciudades que se miden por sus calles, sus edificios o su crecimiento económico. Catriel, en cambio, parece medirse por algo mucho más valioso: su gente.
A 127 años de su fundación, la Capital Provincial del Petróleo volvió a demostrar que su mayor riqueza no está solamente bajo la tierra que produce energía para el país, sino en cada vecino y vecina que eligió este lugar para vivir, trabajar, criar a sus hijos y construir comunidad.
Desde las primeras horas del 19 de junio, la ciudad se vistió de fiesta. Las calles se transformaron en un enorme punto de encuentro donde miles de personas compartieron una celebración cargada de emoción, recuerdos y esperanza. El tradicional Desfile Aniversario fue el reflejo más visible de esa identidad colectiva: instituciones educativas, organizaciones sociales, agrupaciones deportivas, culturales y tradicionalistas, junto a las fuerzas vivas de la comunidad, desfilaron ante una multitud que acompañó con aplausos y orgullo cada paso.
Fue mucho más que un acto protocolar. Fue una postal de lo que representa Catriel: diversidad, esfuerzo compartido y sentido de pertenencia.
La jornada también dejó señales concretas de futuro. La firma de convenios y actas compromiso vinculadas a la educación, la formación, el desarrollo urbano y la generación de oportunidades reafirmó la decisión de seguir proyectando una ciudad que apuesta al crecimiento y al bienestar de sus habitantes.
Pero el aniversario también tuvo espacio para recuperar y poner en valor aquellos lugares que forman parte de la memoria afectiva de los catrielenses. Uno de los momentos más significativos fue la inauguración de la cuarta etapa de La Lagunita, un sitio emblemático que durante generaciones ha sido escenario de encuentros familiares, paseos y recuerdos compartidos.
La intendenta Daniela Salzotto, junto a funcionarios municipales, encabezó la apertura oficial de las nuevas obras que incluyen veredas perimetrales, equipamiento urbano e iluminación renovada. Mejoras que no sólo embellecen el espacio, sino que lo preparan para seguir siendo un punto de encuentro para las futuras generaciones.
La celebración también tuvo un momento profundamente simbólico en el Monumento al Cacique Catriel, donde se realizó el tradicional izamiento de las banderas junto a las comunidades originarias de la localidad. Allí, la ofrenda floral en homenaje al histórico líder indígena recordó que la identidad de la ciudad se construye reconociendo todas las voces que forman parte de su historia.
En ese mismo marco se firmó un Acta Compromiso entre el Municipio, las comunidades mapuches y la licenciada María Cataneo Maldonado para avanzar en un relevamiento territorial que fortalezca la construcción de una Catriel intercultural, basada en el respeto, el diálogo y el reconocimiento de la diversidad cultural.

Cada uno de estos gestos, desde el desfile multitudinario hasta la recuperación de espacios públicos y el reconocimiento de las raíces originarias, conformó una misma narrativa: la de una ciudad que avanza sin renunciar a su memoria.
Porque celebrar 127 años no es solamente recordar una fecha. Es rendir homenaje a quienes abrieron caminos en tiempos difíciles, a los pioneros que soñaron un futuro en estas tierras, a los trabajadores que impulsaron el crecimiento de la región y a las nuevas generaciones que continúan escribiendo la historia.
Catriel llega a este aniversario con desafíos, proyectos y sueños. Pero, sobre todo, llega con la misma esencia que la ha distinguido durante más de un siglo: una comunidad solidaria, trabajadora y orgullosa de su identidad.
Y mientras las banderas flamean, los aplausos acompañan el paso de las instituciones y las familias vuelven a encontrarse en las calles, queda una certeza compartida por todos los catrielenses: la historia de Catriel sigue escribiéndose cada día, en cada barrio, en cada escuela, en cada trabajador y en cada vecino que apuesta por esta tierra.
Porque Catriel no es solamente un lugar en el mapa. Catriel es su gente. Y esa sigue siendo su mayor fortaleza.










