Hace meses advertí públicamente sobre una situación que consideraba peligrosa para la calidad institucional de Río Negro: el avance de decisiones y conductas que terminan debilitando a los partidos políticos y distorsionando la voluntad popular expresada en las urnas.
Lamentablemente, la seguidilla de hechos que tienen como epicentro a la Legislatura rionegrina confirman aquella preocupación.
Volvemos a ver cómo dirigentes que fueron elegidos representando a una determinada fuerza política deciden alejarse de los bloques que les dieron origen, conservando bancas que obtuvieron gracias al respaldo de un proyecto colectivo y de miles de ciudadanos que acompañaron una propuesta específica.
Siempre sostuve que los ciudadanos no votan solamente personas. También votan ideas, equipos y espacios políticos. Por eso considero que cuando alguien abandona el proyecto por el cual fue elegido, se produce una clara alteración de la representación que surgió de las urnas.
Quiero realizar una aclaración necesaria. En el 2019 tomé la decisión de alejarme del peronismo que había sido cooptado por el kirchnerismo y con cuya conducción ya no compartía el rumbo. Lo hice públicamente, dando las explicaciones correspondientes y asumiendo la responsabilidad de construir una alternativa nueva.
No me apropié de representaciones ajenas ni utilicé cargos obtenidos por otros para desarrollar un proyecto personal. Fundé un nuevo partido político y sometí nuevamente mis ideas al juicio de la ciudadanía.
Existe otro aspecto que considero todavía más preocupante. He sostenido y sigo sosteniendo que algunas decisiones judiciales han contribuido a consolidar estas prácticas. Lo dije meses atrás y lo sostengo hoy: algunos sectores de la Justicia están incurriendo en una preocupante intromisión en cuestiones que deberían resolverse respetando claramente las normas, los compromisos políticos asumidos y la voluntad popular.
No cuestiono la independencia judicial. Por el contrario, creo que una Justicia independiente es indispensable para la democracia. Lo que cuestiono son aquellos fallos que, en lugar de fortalecer las instituciones, terminan facilitando el incumplimiento de compromisos políticos asumidos ante la sociedad.
La democracia necesita reglas claras. Necesita dirigentes que honren la confianza recibida y una Justicia que actúe con equilibrio y responsabilidad institucional.
No podemos seguir naturalizando que una banca obtenida por una fuerza política termine siendo utilizada para fines distintos de aquellos que fueron respaldados por los ciudadanos.
Defender a los partidos políticos no es defender estructuras partidarias. Es defender la voluntad popular, la transparencia y la calidad de nuestra democracia.
*Presidente Primero Río Negro









