Audios viralizados revelan maltratos, amenazas y un clima laboral hostil dentro del municipio. Lejos de ser un hecho aislado, las acusaciones se suman a un historial de persecución, precarización y silencios impuestos por el miedo.
Otra vez, y ya sin margen para la sorpresa, salen a la luz denuncias de persecución laboral y maltrato hacia trabajadores municipales, en un contexto que empieza a perfilarse no como una excepción, sino como una forma sistemática de ejercer el poder político bajo la conducción del intendente Leonel Monsalve. Lo que antes circulaba en voz baja —por temor a represalias— hoy estalla en audios, testimonios y publicaciones que exponen un clima laboral marcado por la presión, la amenaza y la violencia psicológica.
El nuevo episodio apunta directamente al secretario de Gobierno, Diego Martínez, y fue difundido por la página de Facebook El Diario de 25. Según ese trabajo periodístico, audios de WhatsApp que se viralizaron en la localidad contienen el testimonio —off the record— de una empleada municipal que denuncia destratos reiterados, presiones constantes y un ambiente laboral hostil dentro de la Municipalidad, señalando de manera directa al funcionario.
En su relato, la trabajadora describe un trato basado en gritos, amenazas de despido y controles permanentes sobre distintas áreas municipales. Habla de un clima de tensión constante, donde cualquier situación menor deriva en reprimendas y faltas de respeto, incluso vulnerando las jerarquías internas. Lejos de una conducción ordenadora, el testimonio dibuja una gestión basada en el miedo como herramienta disciplinadora.
La denunciante sostiene además que Martínez recorre oficinas vigilando al personal, mientras —según su mirada— se desatienden problemas estructurales del funcionamiento municipal. A ello se suma la falta de respuestas concretas: trámites y situaciones que se dilatan indefinidamente con excusas como “mañana” o “no es urgente”, profundizando el desgaste y la frustración entre los trabajadores.
En uno de los tramos más crudos del testimonio, la empleada expresa su hartazgo y define el destrato y la desunión interna como “insoportables”, dejando al descubierto el impacto emocional que estas prácticas generan y el quiebre profundo del clima laboral.
Tras la difusión de los audios, comenzaron a circular mensajes privados de otros trabajadores que relatan situaciones similares. Aunque muchos mantienen su identidad en reserva por miedo a perder el empleo —especialmente quienes se encuentran bajo contratos precarios o “contratos basura”, sin estabilidad ni pase a planta—, la acumulación de testimonios refuerza la existencia de un malestar estructural dentro del municipio.
Este nuevo caso se suma a un historial preocupante: denuncias públicas en redes sociales, relatos que circulan en el boca a boca y hasta antecedentes que involucran a un ex integrante del gabinete acusado de robo de combustible —sin denuncia formal—, quien inició una causa judicial que hoy parece haber quedado sepultada en el olvido.
En conjunto, los hechos configuran algo más grave que conflictos laborales aislados. Exponen un modelo de gestión donde la violencia psicológica, la precarización y el silenciamiento por miedo aparecen como rasgos recurrentes. Un modo de administrar el poder que deja marcas profundas en quienes sostienen, desde abajo, el funcionamiento cotidiano del Estado municipal.










