Vecinos denuncian cortes prolongados, baja presión y agua turbia desde hace días y hasta semanas. No hay comunicados oficiales ni plazos claros, pese a promesas millonarias y planes que hoy parecen archivados.
Durante los últimos días —y en algunos barrios desde hace semanas— Catriel atraviesa una situación crítica por la falta de suministro de agua potable, la baja presión y la mala calidad del servicio. Las redes sociales se convirtieron en el único canal de desahogo y denuncia ante un problema que afecta una necesidad básica, mientras Aguas Rionegrinas S.A. (ARSA) y el Gobierno de Río Negro mantienen un silencio tan llamativo como irresponsable.

Este martes volvieron a multiplicarse los posteos de vecinos desesperados. “Cinco días sin agua en mi casa. Juntando plata para poner una cisterna. ¿Y el que no tiene para eso?”, escribió una usuaria, que además cuestionó la paradoja de ver correr agua en espacios verdes mientras los hogares están secos. Otro mensaje resume el hartazgo generalizado: “Catriel nunca va a crecer si no se soluciona definitivamente el tema del agua y la luz. Siempre lo mismo: cortes por ‘mejoras’, creciente y agua sucia. ¿Con qué van a salir a defender ahora?”. Son apenas dos ejemplos de una catarata de reclamos que ya derivó en una autoconvocatoria para una manifestación masiva.
Las quejas se repiten barrio tras barrio: escaso caudal durante el día, ausencia total de agua por la noche y líquido turbio que genera dudas sanitarias. Todo esto mientras los usuarios siguen pagando religiosamente una boleta por un servicio que, en los hechos, no se presta. Muchos aseguran haber realizado los reclamos por los canales oficiales, sin obtener respuestas ni soluciones concretas.
En este contexto, el silencio oficial agrava la crisis. Hasta el momento, ARSA no emitió ningún comunicado explicando qué ocurre con el sistema de abastecimiento ni cuándo podría normalizarse la situación. Tampoco hubo información clara desde el Gobierno provincial. La ausencia de datos y plazos no es un detalle menor: es una falta de respeto a una comunidad que necesita certezas para organizar su vida cotidiana.
El cuadro se vuelve aún más contradictorio cuando se lo confronta con los anuncios oficiales. Días atrás, el propio municipio difundió un video mostrando una obra para garantizar el agua en un sector del barrio Preiss, sin explicar por qué ARSA no se hizo cargo de un problema estructural que excede largamente a un solo barrio. El parche comunicacional contrasta con la magnitud del conflicto.
No es la primera vez que se prometen soluciones. El 9 de enero de 2026, la Municipalidad de Catriel informó reuniones entre la intendenta Daniela Salzotto y autoridades de ARSA para “mejorar el servicio”, incluyendo la incorporación de cuatro grupos electrógenos para sostener el bombeo ante cortes de energía. Antes, en diciembre de 2022, se presentó con bombos y platillos el Plan Director de Agua Potable, que prometía garantizar agua segura por más de 20 años, con ampliación de la planta potabilizadora, una cisterna de 2.040 m³ y mejoras estructurales en la red. En ese entonces ya se reconocían problemas de fondo: limitaciones estructurales, variabilidad de las fuentes y capacidad hidráulica insuficiente.
Hoy, a más de dos años de aquel anuncio, la obra está paralizada o, en el mejor de los casos, envuelta en una opacidad total. No hay informes de avances, ni cronogramas, ni explicaciones. Solo hay vecinos sin agua.
El acceso al agua potable no es un privilegio ni una concesión graciosa del Estado: es un derecho básico. La falta de respuestas oficiales frente a una crisis prolongada no solo expone fallas técnicas, sino también una alarmante desconexión con la realidad cotidiana de Catriel. Mientras tanto, la bronca crece y la calle empieza a perfilarse como el único espacio donde los reclamos parecen ser escuchados.










