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Un salto de alegría que llenó la radio de emoción

Este sábado, el programa Ida y Vuelta de FM Láser Catriel se transformó en una verdadera fiesta de sentimientos. No fue un sorteo más, de esos que para quienes hacemos radio a veces se vuelven rutina. Fue uno de esos momentos que sacuden el alma, cuando la ilusión de dos niños se hace realidad y contagia a todos.

El regalo lo retiraron Naomi, una nena de apenas 9 años, y su hermanito más pequeño. Ella había participado dejando una pequeña carta a Papá Noel en el sorteo organizado por el comercio local Cotillón Payasadas. Con la timidez propia de su edad, confesó que en algún momento pensó que no iba a ganar nada, que su cartita era demasiado chica para tener suerte.

Débora, su mamá, contó al aire que habían esperado los sorteos de fin de año pegados a la radio, con ansiedad y esperanza. Pero los nombres no aparecían. El de Naomi tampoco. La ilusión parecía apagarse, hasta que esta vez Papá Noel decidió sorprenderlos: el premio era una cama elástica, un regalo que promete risas, juegos y vacaciones llenas de movimiento.

“Para Navidad también estuvimos escuchando la radio y estaba re esperanzada. Yo decía: algo tengo que ganar… en Año Nuevo, no sé”, relató Débora, quien actualmente vive a la vuelta del comercio. “Ella quería participar. Nosotros siempre vamos al Cotillón porque queda cerca. Para Halloween sacan fotos a los chicos y dan caramelos, y cuando hago cumpleaños compro globos y cositas. Es un lugar lindo”, contó emocionada.

La historia fue creciendo en profundidad cuando Débora habló de su familia. De las mesas de antes, llenas de seres queridos. De los abuelos, del papá, de las presencias que hoy faltan. “Las fiestas eran diferentes. Ahora trato de que ellos tengan los mejores recuerdos posibles. Aunque haya sillas vacías, seguimos reuniéndonos y compartiendo lo que hay”, dijo con una mezcla de nostalgia y fortaleza.
“Ha sido un año difícil. Y en las fiestas uno trata de dar lo mejor para que los chicos tengan algo lindo para recordar”.

Cotillón Payasadas, una vez más, hizo el esfuerzo de restar de su propia ganancia para regalar felicidad. El año pasado fue una bicicleta. Este año, una cama elástica. Tal vez sin imaginar del todo hasta dónde puede llegar un gesto así, lograron alegrar el corazón de una familia humilde y encender una chispa de esperanza.

Naomi y su hermanito se fueron con su premio, pero dejaron algo más valioso: el aire de la radio empapado de emoción. Sus caritas iluminadas, su asombro, su felicidad desbordante fueron un recordatorio de por qué estas pequeñas acciones tienen un valor enorme.

Ellos se llevaron una cama elástica. Nosotros, como espectadores de ese chispazo de alegría, nos llevamos su gratitud, sus ganas de vivir y la certeza de que, a veces, Dios mueve los hilos de manera silenciosa: a través de comerciantes solidarios, de una radio comunitaria, y de dos niños cuya ilusión se transformó en un regalo real.

Hoy le tocó a Naomi. Y su salto de felicidad también nos hizo saltar un poquito el corazón a todos.

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