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Catriel abrazó a Carlos Vicencio y convirtió el dolor en esperanza

Tras perderlo todo en un incendio, una movida solidaria impulsada por amigos y acompañada por FM Laser permitió reunir más de un millón de pesos para que pueda volver a ponerse de pie y retomar su trabajo.

Catriel volvió a mostrar, una vez más, que cuando el dolor golpea a uno de los suyos, la respuesta colectiva es inmediata y profunda. Este domingo, frente a la rotonda de la fuente y junto a una gomería, no solo se cocinó un lechón: se encendió una llama distinta, la de la solidaridad, para abrazar a Carlos Vicencio, el vecino que a comienzos de la semana perdió prácticamente todo en un incendio que arrasó con su taller y sus herramientas de trabajo.

La iniciativa nació de sus amigos, que organizaron la venta de números para el sorteo de un lechón asado. Cada número costaba apenas 3 mil pesos, pero detrás de ese valor simbólico había algo mucho más grande: la voluntad de ayudar a que Carlos pueda volver a trabajar, a reconstruir su dignidad y su sustento, después de quedarse literalmente con lo puesto.

Desde temprano, la escena fue conmovedora. Vecinos que se acercaban a comprar números, otros que llamaban a FM Laser Catriel —que acompañó en vivo toda la jornada—, y muchos más que ofrecían donaciones sin siquiera querer participar del sorteo. No importaba el premio: importaba Carlos.

A las 13 horas se realizó el sorteo. Minutos después, llegó el momento más esperado y más fuerte: el recuento final arrojó una cifra que emocionó a todos. En mano, frente a quienes habían hecho posible la movida, Carlos Vicencio recibió 1.174.000 pesos. Un número que no borra lo perdido, pero que abre una puerta concreta para volver a empezar.

MOMENTO SOLIDARIO EN EL QUE SE LE ENTREGA EL DINERO A CARLOS VICENCIO

En diálogo con FM Laser Catriel, la voz de Carlos quebraba. “Hace tres días ya… ando mal, perdoname, pero ando mal”, dijo con crudeza. Contó que el incendio ocurrió de madrugada, mientras él estaba en la casa de su novia. “Me quedé con lo puesto nada más. Lo único que tengo es el auto. Después, todo… muchas cosas de valor, máquinas, motores, variadores… el torno también se me quemó”.

Ese torno, pieza clave de su trabajo, hoy representa también su esperanza. “Comprar uno nuevo es imposible, pero voy a tratar de rescatarlo. El motor se quemó, hay piezas de aluminio que se derritieron, pero voy a intentar restaurarlo”, explicó. Carlos vive de su oficio: fabrica piezas especiales, trabaja con portones, mecanismos, correderas. El fuego no solo le quitó herramientas, también le arrebató el lugar desde donde construía su día a día.

Sin embargo, en medio del golpe, apareció el sostén humano. “Lo que están haciendo ellos es impresionante, no tengo palabras para agradecer”, dijo sobre sus amigos. Y agregó, con un alivio que asoma tímido: “Estoy trabajando de nuevo. Me prestaron una máquina de soldar, hice un portón, terminé ayer… ya no me dan las rodillas, pero me salió el trabajo. Fue un alivio”.

Carlos, que siempre estuvo del lado de quien ayuda, hoy se encontró del otro lado. “Yo siempre he colaborado con campañas, con los bomberos… nunca pensé que iba a estar de este lado. Hoy me tocó a mí”, reflexionó. Y cerró con un agradecimiento simple y enorme: “Hay gente que me quiere, que me acompaña. Me lo han demostrado”.

La historia no termina acá. En los próximos días y semanas, la solidaridad seguirá en marcha para conseguir materiales de construcción y levantar nuevamente el galpón donde Carlos pueda trabajar. Lo ocurrido este domingo, como tantas otras campañas impulsadas desde el programa De Ida y Vuelta que conduce Ramón Sebastián Villablanca por FM Laser, es una evidencia clara del amor al prójimo. Tal vez pocas veces se mencione a Dios, pero su presencia se siente: en cada gesto, en cada aporte, en cada corazón que todavía tiene la sensibilidad de ponerse en la piel de quien sufre.

Catriel no solo ayudó a Carlos Vicencio. Se miró a sí misma y volvió a reconocerse solidaria, humana y profundamente viva.

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