De encuentros en plazas a relatos personales en redes sociales, el fenómeno therian gana visibilidad en Bariloche y General Roca y reabre el debate sobre identidad, pertenencia y salud mental en la era digital.
El fenómeno de los therians —personas que afirman mantener una conexión identitaria profunda con uno o más animales— comenzó a hacerse visible en Río Negro, trasladándose del ámbito virtual al espacio público y generando un debate que atraviesa a la sociedad, la psicología y la cultura digital. Bariloche y General Roca aparecen como los principales puntos donde esta expresión identitaria empezó a manifestarse de manera concreta.

En Bariloche, el sábado 7 de febrero, un grupo de jóvenes se reunió en la plaza de la Catedral en un encuentro abierto que sorprendió a transeúntes y turistas. La convocatoria marcó un punto de inflexión: lo que hasta hace poco se expresaba casi exclusivamente en redes sociales y foros online, comenzó a ocupar un lugar visible en la ciudad. La comunidad therian, que ganó notoriedad a través de videos, publicaciones y relatos personales en plataformas como TikTok e Instagram, dio así un paso hacia la presencialidad.
En General Roca, la visibilización tomó otra forma. A través de una cuenta de Instagram, una joven que se presenta como Luna decidió contar públicamente una parte de su historia que, según su testimonio, mantuvo en silencio durante años. Luna se identifica como therian, un término que remite a personas que sienten una conexión emocional o identitaria profunda con un animal, al que denominan theriotipo. Su relato, difundido por el medio local ANRoca, abrió un espacio de diálogo, pero también expuso reacciones cargadas de burlas e incomprensión.
“Al principio me costó un montón aceptarlo”, escribió. El temor a ser juzgada, señalada como “rara” o acusada de buscar atención la llevó durante mucho tiempo a ocultar lo que sentía. La decisión de hacerlo público, explicó, tuvo como objetivo encontrar a otras personas que atraviesen experiencias similares y generar un espacio de comprensión.
A diferencia de otras subculturas más conocidas, como los furries —centrados en la creación de personajes antropomórficos y el uso de disfraces—, los therians sostienen que su vínculo con el animal no es lúdico ni estético, sino interno y constitutivo. Para muchos integrantes del movimiento, esta identificación no es una elección, sino una parte esencial de su identidad, que puede manifestarse a través de “cambios” mentales o sensoriales en los que perciben el mundo desde los instintos del animal con el que se identifican. En redes sociales es habitual ver videos de cuadropedia, una práctica corporal en la que imitan desplazamientos de cuatro patas.
¿A qué responde este fenómeno?
Especialistas y analistas coinciden en que el surgimiento y la expansión de los therians no puede entenderse de manera aislada. Para algunos sociólogos, se inscribe en un contexto de crisis de los modelos tradicionales de identidad, atravesado por la hiperconectividad, la virtualización de los vínculos y la búsqueda de pertenencia en comunidades alternativas. Las redes sociales funcionan como amplificadores y espacios de validación donde experiencias que antes permanecían ocultas encuentran reconocimiento y eco.
Desde la psicología, en tanto, se plantean interrogantes más complejos. Algunos profesionales advierten sobre la delgada línea que separa la autoexpresión identitaria de procesos de disociación, especialmente en adolescentes, que conforman el núcleo más numeroso del movimiento. Otros enfoques, en cambio, interpretan el fenómeno como una forma simbólica de procesar emociones, conflictos internos o sensaciones de extrañamiento frente a un mundo percibido como hostil o deshumanizado.
La creciente exposición pública de los therians despertó reacciones contrapuestas. Mientras sectores que promueven la diversidad lo consideran una expresión válida de la subjetividad contemporánea, detractores y algunos especialistas en salud mental alertan sobre el impacto que estas identificaciones pueden tener en el desarrollo social y psicológico, sobre todo cuando se consolidan sin acompañamiento adulto o profesional.
Más allá de la controversia, la comunidad therian ofrece a sus miembros un espacio de contención frente a una sociedad que muchas veces los estigmatiza. Foros, grupos y encuentros —virtuales y presenciales— funcionan como ámbitos para compartir experiencias vinculadas a la llamada “disforia de especie” y a la integración de esta identidad en una vida cotidiana regida por normas humanas.
El avance del fenómeno en Río Negro pone en evidencia las nuevas y complejas formas en que las personas buscan definirse en el presente. Mientras el debate continúa, los therians siguen ganando visibilidad, desafiando concepciones tradicionales sobre la identidad y recordando que, en tiempos de fragmentación social, la necesidad de pertenecer puede adoptar formas tan inesperadas como disruptivas.










