Miles de mujeres y diversidades coparon las calles de la ciudad de Córdoba en una impresionante movida política y social que transformó el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries en una contundente batalla contra las políticas de ajuste y retroceso del gobierno de Javier Milei. Bajo la consigna “¡Fuera Milei!”, la marea transfeminista dejó en claro que no está dispuesta a retroceder ante la “motosierra” que busca cercenar cuatro décadas de conquistas históricas.
El documento de apertura, leído tras la ceremonia espiritual inaugural, funcionó como un verdadero acta de acusación contra el Estado nacional y local, así como contra una Justicia patriarcal que continúa haciendo oídos sordos a la violencia machista. Lejos de ser un evento meramente celebratorio, el encuentro se configuró como un espacio de resistencia federal e inclusivo, que llama a construir una democracia transfeminista con igualdad y justicia social en medio de una crisis económica asfixiante.
Córdoba, síntesis del desastre estatal
La elección de Córdoba como sede cobró una densidad política y emocional ineludible en este convulsionado 2026. La provincia se ha convertido en un trágico microcosmos de lo que sucede con las mujeres y diversidades en todo el país bajo el paraguas de la impunidad y el conservadurismo.
El encuentro recordó con dolor y rabia que, desde la última edición, la policía cordobesa asesinó a Samuel Tobares, un joven LGBT torturado hasta la muerte; desapareció la joven migrante Delicia Mamani; Lulén y Max fueron condenados con penas excesivas en un juicio carente de perspectiva de género; y fue asesinada Agostina Vega, una niña de 14 años, cuyo femicidio fue encubierto por un fiscal que se negó insistentemente a tipificarlo como tal, exponiendo el pobre desempeño del Estado y el sesgo patriarcal de la Justicia. A esto se suma el caso de Paola Ortiz, quien pasó 12 años presa por una emergencia obstétrica y recién fue liberada (sin ser absuelta) hace menos de un mes, algo que las activistas no dudan en atribuir a la presión y el marco político generado por el propio Encuentro.
Soberanía y ajuste: el blanco de las críticas
El rechazo al modelo económico del gobierno nacional fue un hilo conductor en los talleres. La denuncia contra la Ley de Extranjerización de la Tierra y el pedido de caída inmediata del DNU 70 resonaron con fuerza en los espacios de debate sobre soberanía. “Queremos que se vaya Milei y queremos construir un proyecto de país que sea para lo que nosotras, nosotros, nosotres necesitamos”, expresaron las asistentes, reclamando independencia económica, tierra para cultivar, salud y educación gratuita frente a un gobierno que prioriza el capital por encima de la vida.
El rol de las trabajadoras organizadas fue central. Desde la CCC, con 140 mujeres llegadas desde Misiones, hasta la CGT y la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN), los sindicatos evidenciaron cómo la crisis económica, el desmantelamiento de los cuidados y el aumento de la desocupación golpean con especial crudeza a las mujeres. “Este gobierno nos está quitando todos los derechos. Como persona a cargo de merenderos, se siente muchísimo en la parte social”, denunciaba Emi, trabajadora comunitaria.
Memoria histórica contra el retroceso
La perspectiva intergeneracional del encuentro subrayó la gravedad del momento político. Adriana Spila, integrante de la comisión del primer encuentro en la década del ’80, fue lapidaria: “Lamentablemente, todos los derechos que hemos conquistado a lo largo de 40 años se han cercenado con este último gobierno. No solamente a las mujeres y a las disidencias, sino en general a los trabajadores”.
Sin embargo, la nostalgia dio paso a la rebeldía. Cristina Ventura, de 83 años y asistente a 30 encuentros, y Graciela Lorenz, participante desde 1992, celebraron la horizontalidad y la fuerza de las nuevas generaciones. “Esto es una revolución persistente. Nos emociona saber que tenemos a quién dejarle esta bandera que llevamos hace 39 años”, afirmaron, desafiando la narrativa del desaliento.
Solidaridad internacional y cierre transfeminista
El encuentro también amplió su mira más allá de las fronteras. La Campaña Internacional en Solidaridad con la familia Villalba denunció el encarcelamiento y la persecución del movimiento campesino por parte de la oligarquía y el Estado paraguayo, recordando la desaparición de Lichita y el asesinato de las niñas de la familia, crímenes que quedan en la impunidad más absoluta.
El sábado cerró con la Marcha contra los Travesticidios, la más grande en la historia de estos encuentros, precedida por la presentación del libro Carne de Cañón del Archivo de la Memoria Trans y una conferencia de prensa que denunció la violencia policial contra personas LGBT.
Mientras organizaciones como Aquelarre Feminismo Popular instalaban altares a la “Madre Justicia” para visibilizar el abuso sexual hacia niñeces y la complicidad del sistema judicial cordobés, y trabajadoras de prensa de SIPREBA se formaban en Cispren para resistir también desde la comunicación, el mensaje fue unánime: pasaron tres años de ataques de este gobierno, pero la respuesta del movimiento transfeminista fue, y seguirá siendo, más organización, más cuerpo en las calles y una inquebrantable voluntad de construir el país igualitario que el gobierno nacional se empeña en destruir.
Por la redacción, con base en la cobertura de Maby Sosa para Tiempo Argentino.










