El segundo mandato de Trump enfrenta su mayor prueba económica: los recortes tributarios, el conflicto en Oriente Medio y el estallido de los rendimientos de los bonos amenazan con desbordar las finanzas globales.
A casi dos años del inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, la agenda económica de la Casa Blanca atraviesa momentos de alta tensión. Pese a las promesas electorales orientadas a la reducción de costos y al saneamiento fiscal, la guerra emprendida en conjunto con Israel contra Irán y la consolidación de masivos recortes tributarios han empujado la deuda pública a niveles sin precedentes. Esta tormenta perfecta ha desatado presiones inflacionarias y una severa tensión en los mercados financieros, según alertó este domingo el diario financiero Financial Times.
Las finanzas públicas de la potencia norteamericana registraron esta semana una deuda nacional bruta de 40 billones de dólares, un hito crítico impulsado por un ritmo de gasto federal que supera ampliamente la recaudación. El saldo de pasivos se acumula a una velocidad aproximada de un billón de dólares cada 100 días, lo que representa un incremento total de 11.6 billones de dólares al sumar los dos períodos presidenciales de Trump.
El costo de la “One Beautiful Bill Act”
Esta dinámica alcista se profundizó tras la aprobación de la ley One Beautiful Bill Act, normativa que fijó de forma permanente la reducción del impuesto corporativo del 35 % al 21 %.
Para compensar la drástica caída del recaudo empresarial —que hoy aporta apenas el 9 % de los ingresos federales—, el Congreso elevó el techo de la deuda en cerca de cinco billones de dólares y aplicó un controvertido recorte del 12 % al presupuesto de Medicaid.
Actualmente, el 80 % del endeudamiento (32 billones de dólares) corresponde a deuda pública contratada con inversores nacionales e internacionales. Entre los principales acreedores externos destacan:
- Japón: 1.203 billones de dólares.
- Reino Unido: 889.000 millones de dólares.
- China: 683.000 millones de dólares.
El costo de mantener esta montaña de pasivos es asfixiante: el servicio neto de la deuda absorbe cerca de 1.1 billones de dólares anuales, convirtiéndose en la segunda partida de gasto federal, superada únicamente por el presupuesto de defensa nacional.
Pánico en los mercados y la respuesta del Tesoro
La desconfianza de los inversores ante la insostenibilidad del déficit provocó que los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo alcanzaran máximos no vistos en 19 años.
Ante la inestabilidad del mercado soberano, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un plan de emergencia para duplicar la compra de deuda a largo plazo. Sin embargo, la medida no ha logrado frenar la escalada de los rendimientos y, como efecto colateral, ha presionado a la baja la cotización del dólar. Pese a las dudas generalizadas de los analistas, Bessent sostuvo públicamente que Estados Unidos mantiene la capacidad de “salir del agujero de la deuda mediante el crecimiento”.
El factor bélico: Ormuz, combustibles e inflación
El frente bélico en Oriente Medio ha impactado de forma directa y devastadora el sector energético mundial. El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado graves cuellos de botella en el suministro global de petróleo, imposibles de compensar con la producción interna proyectada por la Administración de Información de Energía (EIA).
Las consecuencias en el bolsillo de los estadounidenses son inmediatas:
- La gasolina registra un alza cercana al 40 %, situándose en $4.11 por galón.
- El diésel alcanzó los $5.58 por galón.
- Las tasas para créditos de vivienda a 30 años subieron hasta el 6.65 %, asfixiando al sector inmobiliario.
- Tras picos no vistos en tres años, los indicadores de consumo se estabilizaron temporalmente en un 3.4 % anual.
Ante el riesgo inminente de una espiral inflacionaria persistente, los funcionarios de la Reserva Federal optaron por mantener intactos los tipos de interés, priorizando el control de precios sobre el estímulo al crecimiento.
La burbuja de la Inteligencia Artificial y el riesgo corporativo
El panorama macroeconómico se completa con una cifra alarmante: la deuda total combinada de la economía estadounidense (gobierno, hogares, bancos y empresas) ascendió a 115.5 billones de dólares, cifra equivalente al 360 % del PIB.
En el ámbito privado, Wall Street encabeza una movilización de más de 500.000 millones de dólares en capital para infraestructura de inteligencia artificial (IA). No obstante, analistas advierten que si la monetización de estas tecnologías no genera los retornos esperados para respaldar las emisiones de bonos corporativos, el sector tecnológico podría enfrentar una severa corrección de valoraciones con riesgo de insolvencia en el mercado de crédito.
El encarecimiento de los insumos, sumado a la caída en la confianza del consumidor y un crecimiento del PIB por debajo de las metas del Departamento de Comercio, incrementa la vulnerabilidad de la economía global. En este escenario, el costo del ajuste estadounidense ya ha comenzado a trasladarse a los países emergentes y, de manera más cruda, a la clase trabajadora.










